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Los exámenes

Allá a lo lejos, empiezan a oírse tambores de guerra. Febrero suena parecido al ruido que hacía la caja de Jumanij, que si bien es verdad que daban ganas de jugar, infundía también bastante miedo.
Normalmente, es difícil encontrar la línea que separa el maravilloso octubre, con sus reencuentros, la vuelta a las prácticas o los desayunos de porras con cerveza en la cafetería, y febrero, mes de parciales y finales, y por tanto confuso, a partes iguales. A muchos de ustedes, a los Bolonios (que no es el gentilicio de la ciudad de Bolonia, que es boloñés, sino el término para los que estudian bajo el famoso plan) esto de febrero no les sonará tan traumático, como tampoco les aterrará septiembre, que ha quedado descafeinado con las reformas. Soy de los que piensan que uno no es un verdadero universitario si no ha tenido que ir a septiembre al menos una vez. La auténtica esencia de la universidad sólo aparece en ese fatídico mes, que es como un eterno lunes. Primero porque uno tiene que hacerse el fuerte y, en mitad de agosto (quien dice mitad, dice finales, o el uno de septiembre), romper con la dinámica de la playa y el chiringuito y desempolvar los apuntes, que habían quedado relegados al último rincón de nuestro cuarto, para ponerse a estudiar, a releer esas notas que no siempre serán nuestras y tratar de recordar el porqué de ese subrayado. Y además luchar contra el ambiente. Desde la ventana unos oirán los gritos de los niños en el parque, otros los ronquidos de la siesta de los vecinos en la piscina y los más desafortunados el romper de las olas del mar. Algunos de ustedes pensarán que les voy a hablar de mis propios traumas, y no les digo yo que no, pero esto de los exámenes, los de septiembre y los que no, les interesa (creo yo) por la variedad. En cada país se califica y se examina de manera diferente. Además, si son ustedes de los que pelean por tener un gran expediente les gustará también conocer cómo son las equivalencias entre las notas europeas y las españolas.

Ya que estamos con mis traumas, empezaremos por Italia, que pasa por ser sólo medio trauma, pero que es el sistema con el que estoy más familiarizado. El modo de examinar es completamente diferente. Vamos por partes. Primero, los propios exámenes suelen ser orales. Salvo contadas excepciones, les citarán a una hora de la mañana, pongamos las nueve, y pasarán largas horas repasando en los pasillos de algún triste departamento mientras esperan su turno (esto entra dentro de mis traumas). Cuando hayan desfilado por delante de ustedes todos sus compañeros autóctonos, les llegará su turno; se sentarán en el despacho frente a su examinador y tendrán que contestar a sus preguntas, en italiano, claro está. Este punto suele crear miedo, pánico, aprensión, desconfianza, desasosiego y todos los sinónimos que me ofrece el procesador de textos, en grandes cantidades. Es normal. En España no se nos tiene muy preparados (o no se nos tenía, se supone que los planes de estudio nuevos corrigen estas deficiencias) para hablar en público. Puedo entender el miedo, por eso del idioma, pero, por lo demás, aférrense a sus conocimientos y déjense llevar. Siempre hay una primera vez para todo, y una vez que se supera ésta, lo que venga dolerá menos. Éste es uno de esos momentos en los que tienen que ensayar su «cara de Erasmus», como les expliqué en una ocasión anterior (http://www.elfarmaceutico.es/el-farmaceutico-joven/diario-de-un-erasmus/item/1431-se-dice-el-pecado-pero-no-el-pecador-i.html). Pero sigamos con los métodos. Estoy seguro de que a todos ustedes les parecerá una enorme desventaja hacer exámenes orales, pero como contrapartida podrán hacer un examen cada mes. Una vez que se acabe la docencia de la asignatura, tendrán una oportunidad mensual para sacar adelante la asignatura. Si quieren mantener su buen expediente este sistema les viene que ni pintado. Lo normal es que sean ustedes organizados, así que les va a parecer un juego de niños hacer sólo un examen al mes, pero si por la razón que fuese tuviesen un traspié en alguna asignatura, siempre podrán repetirlo al mes siguiente. Esto último que les cuento es algo que los estudiantes italianos hacen con frecuencia para mejorar su expediente. Las calificaciones allí no son sobre 10, sino sobre 30. Para un estudiante italiano conseguir un 25 es poco premio, así que un 18, el mínimo para aprobar, ni les digo; de manera que, en esas ocasiones en las que se han quedado algo cortos, suelen repetir al mes siguiente. Esto nos lleva a las convalidaciones. La lógica dice que si tienen ustedes un 27 sobre 30 en España se les dará un 9. Pero la realidad dice que no siempre es así. El gran número de expedientes altos en Italia desplaza las notas, de modo que sólo tendrán asegurado el sobresaliente con un 30, y la matrícula con un 30 e lode. De todas formas, no existe aún un consenso en el asunto del Erasmus para las convalidaciones de notas, y unas veces decide la universidad de destino y otras la universidad de origen. Esto pasa con Italia y también con los demás casos que veremos a continuación.

Otro de los casos que me traumatizan es el alemán, que también me toca de cerca, pero éste no es mi diario, sino el de un Erasmus de manera genérica, así que vamos al lío. Resulta que el sistema alemán de calificaciones va del 1 al 6, siendo un 6 lo que para nosotros sería un 0 como una catedral y un 1 lo mejor. Bueno, no lo mejor, porque lo mejor es un 1+. Sí, así se lo digo. Dentro de cada calificación puede haber decimales o los símbolos + o – (excepto en el 6: que un 6 tenga un + o un – es un cerapio, sin paliativos). Para que se hagan una idea aproximada, y no es fácil con esta escala, el aprobado está en el 4, y el 1,6 o el 1+ es el sobresaliente. ¿Están aún alucinando? No se preocupen, que en los demás apartados su casuística es muy similar a la nuestra. Al final del semestre de invierno (Wintersemester) se realizan los exámenes, que son escritos. Es un febrero común, pero en alemán. Suele haber un periodo de dos meses entre los dos semestres en los que se hacen exámenes y, en carreras como la suya y la mía, también las prácticas. Recuérdenlo: si les entregan la papeleta de la nota (ellos funcionan así) y tienen un 2 hay que alegrarse, no maldecir a nadie. 1 bien, 6 mal. Apúntenselo.

Dejamos el país de Angela Merkel y nos vamos de viaje por los futuros Landen de la susodicha señora, de manera sucinta. Primero Francia. La escala aquí es del 0 al 20, siendo ésta la nota máxima. El aprobado comienza en el 10. Hasta aquí todo normal. En España es conocida la gran exigencia de las universidades francesas, lo que da bastante lustre al programa, dicho sea de paso, así que, una vez más, bien por Francia, de manera que incluso a partir de 16 podrán obtener matrícula de honor. Los exámenes también son escritos, aunque puede haber también alguno oral, y sobre todo harán muchos, porque los programas franceses son bastante diferentes a los españoles y hay muchas más asignaturas, pero de menos créditos. En Polonia la escala va del 1 al 5, pero no como en Alemania: el 5 es lo mejor. El aprobado está fijado en 2,1, un buen baremo para los malos estudiantes. En Polonia van a tener ustedes algunas ventajas, pues sus exámenes serán en inglés, así que tendrán exámenes orales, escritos (los menos) o presentación de trabajos. Las convalidaciones dependerán mucho de la universidad de origen; hay aún poca experiencia en las relaciones con Polonia, pero el sobresaliente lo pueden fijar a partir del 4. Y como último ejemplo tenemos Portugal, que al igual que Francia va del 1 al 20, aunque con unas convalidaciones más acordes. El 18 sería el inicio de los sobresalientes y el 10 un 5 mondo y lirondo. El calendario es muy ibérico –febrero, junio y septiembre–, pero se han adaptado hace tiempo al espacio europeo de educación superior, de modo que el sistema evalúa ya capacidades, y no conocimientos.

En fin, el enésimo baile de números con el que les aburro, pero hay que estar preparado para defender con uñas y dientes, hablando o escribiendo, los conocimientos que el tiempo nos haya dejado retener. Piensen que, según su habilidad para ser un buen Erasmus, todo lo que les he contado puede no valer para nada. Cabe la posibilidad de que se encuentren profesores que saquen convocatorias exclusivas para ustedes o no. Eso depende de cómo se muevan. Sacúdanse los miedos y los traumas, que nos cabe poco equipaje y hay que dejar algo en casa.

Información adicional

  • antetítulo: Diario de un Erasmus
  • autores: Guillermo Reparaz de la Serna
  • info-autores: Responsable de la Oficina Erasmus. Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid
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