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Los viajes

El otro día quise desmontarles los mitos que rodean a la beca Erasmus. Ya saben, son muchos y muy sobados por todo hijo de vecino.
Pero hay que hablarles de algunos conceptos que durante su estancia sí que van a cambiar. El tiempo y el espacio son dos de ellos. Van a disponer de mucho más tiempo para administrarse, unas 24 horas al día, que tendrán que distribuir ociosa y responsablemente, pues querrán visitar muchos sitios. Aprovechando que han salido de casa tratarán de viajar a cuantos más sitios nuevos mejor y, si bien es verdad que el viajar no va a depender de la universidad que les acoja, estar en el centro del meollo les va a facilitar mucho las cosas. De cualquier modo, no se preocupen si su destino no es centroeuropeo, pues cuando uno está de Erasmus las distancias parecen reducirse, e ir a pasar el día a 400 km está muy bien visto. No les dolerá subirse a un tren de mala muerte o alquilarse un coche para ver el mar, el solsticio de invierno o vivir el sábado de carnaval en la misma plaza de San Marcos de Venecia.

Con estos cambios conceptuales en la condición espacio-tiempo, uno de los grandes hobbies del Erasmus será el turismo. No les voy a decir que se va a convertir en una competición pero, desde luego, coleccionar fotos de países distintos para enseñar en su casa será un verdadero aliciente. Por razones geográficas, cuanto más en el centro del Viejo Continente se encuentren, más banderitas tendrán a sus alrededores. Para visitar Alemania, Suiza, Austria, Polonia o Hungría es mejor tener base cerca. La lógica me dice que si no pudieron hacer un Interrail en su día, optarán por quitarse la espinita y, si lo realizaron, sabrán que no hay dos sin tres. Voy a hablarles hoy de algunos destinos centroeuropeos de interés boticario.

 

Estrasburgo

Debida a mi recientemente revelada (al menos públicamente) vena europeísta, no puedo empezar hablando de otro sitio. Si cogen un mapa de Europa y un compás, lo clavan en Estrasburgo, trazando un gran círculo, verán que es casi el centro geográfico de nuestro ajado continente. Por muchos motivos de distinta índole, sobre todo históricos (como la disputa entre los dos grandes mandamases de la Unión, Francia y Alemania), Estrasburgo alberga muchos de los organismos de mayor representatividad en Europa, el Europarlamento, el Consejo de Europa, la Europol o, en el campo que nos une a nosotros, la Farmacopea Europea (http://www.edqm.eu/en/Homepage-628.html), sita también en la ahora ciudad francesa. La capital del departamento de la Alsacia posee una universidad de nombre que espero les suene, aunque sea de los anuncios, Louis Pasteur, el de la pasteurización (apuntes de microbiología general, entre los métodos de esterilización, de nada). Bajo el nombre del ilustre químico francés encontraremos las facultades de ciencias de la salud, ya que la Universidad de Estrasburgo, fundada en el siglo XVI, se dividió durante el siglo pasado en tres «subuniversidades» de distinto nombre, según la rama. En total, algo más de 40.000 estudiantes en una ciudad de marcado carácter europeísta e internacional. Medio millón de habitantes conviven en Estrasburgo, por lo que podemos clasificarla dentro de lo que hemos denominado en estas líneas como «las grandes ciudades». No es un pueblecito; van a encontrar todo tipo de facilidades, recursos y eventos.

Pero vayamos al tema del día: los viajes. Ya hemos hablado de lo céntrica que se encuentra la ciudad, pero voy a darles datos contantes y sonantes. Estrasburgo está a unos 5 km de la frontera alemana, pero entiendo que tratar de ver una línea imaginaria en el suelo no les entusiasme; Frankfurt, por ejemplo, se encuentra a 180 km, que gracias a las autopistas francoalemanas les va a parecer el anuncio aquel de «¿te gusta conducir?». La ciudad suiza de Basilea está incluso más cerca, a poco más de 100 km; la pequeña pero «europeamente» importante Luxemburgo está a 165 km, y puestos a ponernos más papistas que el Papa, Bruselas, el otro bastión de nuestro sentimiento, a 350 km. La indescriptible París, roza los 400 km de distancia, y la capital económica y financiera de Italia, Milán, se halla a 350 km. Praga, capital de la primavera, está a 500 km, que es lo que separa Madrid de las playas de Murcia, o la distancia por carretera entre Barcelona y Bilbao. O Vaduz, capital de Liechtenstein está a sólo 2 horas en coche. Sí, Liechtenstein existe.

El baile de números refuerza mi teoría. La suerte de Estrasburgo reside en que en caso de tener poco tiempo, podrán usar los fines de semana para conocer ocho países, así tontamente. Si ya disponen de un poco más de tiempo podrán subirse al primer tren que vean y preparase para sumar más.

 

Turín

El día de las residencias, hablamos de las opciones de Turín. Hoy vamos a desgranarlo un poco más, aprovechando su ubicación. La fría Turín se enclava en medio de los Alpes, y llegó incluso a organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno en el año 2006. Quédense bien con lo del frío, porque no es ninguna exageración. Estarán de Erasmus y no les importará mucho, pero durante el invierno ni hay muchas horas de sol, ni pasarán de los 5 oC muy habitualmente. Es una ciudad muy ligada al coche, y no porque sea una delicia conducir por sus calles precisamente, sino por la importancia de esta industria en el desarrollo económico de la ciudad y de la región en general. Por tanto, se halla amenazada por la crisis que nos azota, ya que comprar coches en estos días no está al alcance de muchos. Vive de manera muy especial el fútbol, pues la Juventus es seguramente el equipo con más aficionados de Italia, seguido sólo por los «antijuventinos», que son casi los mismos, sino más. Presume además de ser la primera capital de la Italia unificada (siglo XIX) y de poseer en su Catedral la Sábana Santa.

La Universidad de Turín (Universitá degli Studi di Torino: http://www.unito.it/) cuenta con 65.000 estudiantes, 500 de ellos Erasmus. Es, al igual que la anterior, una ciudad en la que no se van a aburrir, pues tiene casi un millón de habitantes según el último censo, con todo el jaleo que eso conlleva. Quiero romper una lanza, además –aunque en su día no estuviese incluida en la selección que hice–, a favor de sus prácticas tuteladas. Desde mi experiencia en la Universidad Complutense quiero aprovechar estas líneas, que ella nunca verá, para agradecer a la coordinadora acoger todo lo que se le ofrece, aunque se le avisen con 5 minutos de antelación. Perdón. Sigo con lo que íbamos, pero esa señora merece un coche de los de su ciudad.

Volvamos a analizar los viajes y las distancias. Empezaremos ahora por los deportes de invierno, pues debemos tener en cuenta que a unos 90 km de la ciudad piamontesa encontramos las estaciones de esquí de Bardonecchia, Claviere o San Sicario. Además, tiene cerca las fronteras de Francia y Suiza (60 y 95 km, respectivamente). Hasta la cinematográfica Cannes, por ejemplo, hay algo más de 200 km por carretera, y por el camino podrán hacer una paradita en Montecarlo o Niza, destinos todos imperdibles de la Costa Azul. A los que prefieran la montaña –que tiene que haber de todo–, tengo que recomendarles visitar la zona del Mont Blanc, a menos de 100 km de Turín. Por supuesto, del mismo modo podrán esquiar en toda la zona sur de Suiza, pero también hay ciudades que merece la pena ser visitadas. Ya que nos hemos puesto tan «internacionales», el gran ejemplo en Suiza es Ginebra, sede de multitud de organismos internacionales, como la Cruz Roja, o anteriormente las Naciones Unidas, ahora en Nueva York, manteniendo aún la sede europea de esta organización. Ginebra y Turín están separadas por algo menos de 200 km. La dificultad para conocer otras partes de Suiza radica sobre todo en la presencia de los Alpes, que pueden ser atravesados sólo por ciertos puntos. Dentro de la misma Italia, no pueden dejar de visitar el lago de Como, precisamente al lado de la frontera con Suiza, a 140 km de Turín. El lago es célebre por sus parajes y por los personajes que los habitan, pues son muchos y muy famosos lo que han decidió comprar una casa a sus orillas y alrededores.

En fin, podríamos hacer una charla-coloquio acerca de qué visitar, pero no acabaríamos nunca, y ésa no es la cuestión. Así que viajen. Viajen cuanto puedan. Viajen a la playa, a la montaña, al lago. Viajen a grandes y pequeñas ciudades y a pueblos. Viajen en avión, en coche, en tren e incluso en bicicleta, pero viajen. Viajen, que viajar cura muchas cosas.

Información adicional

  • antetítulo: Diario de un Erasmus
  • autores: Guillermo Reparaz de la Serna
  • info-autores: Responsable de la Oficina Erasmus. Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid
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