Imprimir esta página

Ya viene el sol

Medicalizar la soledad

A Guadalupe se le ha muerto el loro. Me lo contó el otro día, cuando nos vimos en la consulta a la hora que habíamos convenido. Después de treinta años de acompañarla en su soledad, un resfriado mal curado se lo llevó.

Revisamos uno a uno sus medicamentos, como en cualquier visita. Ella insistió mucho en pedir mi opinión acerca del antidepresivo que le había prescrito su médico, como consecuencia de la tristeza que le había producido esta pérdida, porque no quería comenzar a tomarlo sin que yo le diera el visto bueno previamente.

Evalué si los medicamentos que estaba tomando alcanzaban las metas terapéuticas previstas, y si el antidepresivo comprometía los resultados esperados del resto de los fármacos o podría producirle algún efecto adverso. Como con cualquier otro paciente. Y para ver si iniciaba o no el tratamiento, conversamos sobre el loro.

El cadáver permanecía congelado en una tienda de animales, a la espera de que decidiese si quería disecarlo o no. No sabía si conservar el cuerpo inerte de su compañero beneficiaría o perjudicaría su estado de ánimo, pero le daba mucha pena saber que si no, lo incinerarían. Y también dudaba si comprar otro pájaro. Podía ser un loro, pero temía que no resistiera la comparación con el otro. Además, sabe que con el linfedema que engrosa su brazo y le causa inmensos dolores en todo el cuerpo, le será difícil cuidarlo adecuadamente a su edad, rondando los 80 y sin nadie que la ayude.

Al final, juntos decidimos que comprase un pájaro más pequeño y que disecase a su loro. Y si después le daba más tristeza contemplarlo sin vida, siempre habría un armario donde esconderlo.

Terminamos decidiendo iniciar el tratamiento antidepresivo y corroborar la decisión de su médico, y vigilar la evolución a fin de que se sintiese segura, sobre todo los primeros días. Y es que, aunque las autoridades sanitarias no se lo crean, a la mayoría de las personas no les gusta tomar más medicamentos de los necesarios.

El loro de Guadalupe. Es difícil saber si su fallecimiento ha sido la causa de su depresión, o su vida la alegría que la evitó hasta ahora. Lo único que parece cierto es que esta sociedad, que ahora muda con mucho dolor su piel resquebrajada, solo le ofrece pastillas para mitigar su soledad.

Para evaluar la medicación de Guadalupe y para entender si existía alguna contraindicación para que iniciase el tratamiento antidepresivo, en mi cabeza fluían indicadores, test clínicamente validados, uso racional de los medicamentos, medicina basada en la evidencia... pero a Guadalupe lo único que le interesaba era saber qué hacer con su loro y si suplir su soledad con otra ave.

Los profesionales de la salud, y en especial los que quieran asumir la responsabilidad de optimizar los resultados de los pacientes polimedicados, han de tener muy presente el conocimiento científico, pero deben saber que, si de verdad quieren ayudar a los pacientes, deben entender que muchas veces un loro puede ser el más potente de los inhibidores de la recaptación de la serotonina.

Valorar este artículo
(1 Votar)
Manuel Machuca González

https://manuelmachuca.me

Lo último de Manuel Machuca González

Artículos relacionados