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Vinos

Txakolí

El txakolí es un vino blanco, joven y afrutado, de graduación moderada (9,5º-11,5º) y con una leve acidez característica. Hay que servirlo fresco y desprende, junto con pequeñas agujas de carbónico, fruto de su peculiar elaboración, toda su gama de aromas.

Para elaborar el txakolí se usan las variedades autóctonas hondarrabi zuri y hondarrabi beltza. La hondarrabi zuri es una variedad blanca y tiene racimos pequeños y la pulpa crujiente y compacta. Por eso tiene escasos rendimientos de prensado. Posee delicados aromas a cítricos. La hondarrabi beltza es una variedad tintorera y menos frecuente que da una acidez marcada a los vinos. Esta variedad tinta, a diferencia de la blanca, presenta una brotación temprana y maduración tardía, por lo que puede verse afectada por las heladas de primavera. Ésta es otra de las razones por las que la mayoría de viticultores usan más la variedad blanca.
Hay diferentes tipos de txakolís. El txakolí blanco representa el 90% de la producción total y es el más conocido y consumido. Se elabora principalmente con las variedades blancas de hondarrabi, dando unos vinos que oscilan del color amarillo pálido al amarillo pajizo. En boca predominan los aromas primarios con muchos matices florales, frutales y herbáceos.
El txakolí blanco fermentado en barrica está reservado a aquellas fincas que tienen muy buena exposición solar y posteriormente recibe un envejecimiento en barrica de roble. El resultado son unos aromas más intensos, añadiendo notas balsámicas y persistente posgusto.
El txakolí rosado u «Ojo de Gallo» aporta como mínimo un 50% de uva tinta en su proceso de elaboración. Para terminar, el txakolí tinto, que es tal vez el menos conocido, permite algunas crianzas y tiene un marcado sabor a frutas rojas y sotobosque.
Getariako Txakolina, Bizkaiko Txakolina y Arabako Txakolina son las principales denominaciones de origen donde se elabora el txakolí.

AmeztoiAmeztoi Primus
Bodega: Bodega Ameztoi (Getariako Txakolina)
Grados: 11º
Precio: 8 €
Este txakolí está macerado con sus pieles, fermentado junto a las uvas y bastoneado durante 5 meses. Tiene unos aromas cítricos marcados, pero destacan los matices a piña y a frutas tropicales, poco habituales en este tipo de vino. Tiene un paso en boca sedoso y profundo, aunque deja un posgusto fresco y ácido. Acompañado de unas buenas anchoas del Cantábrico es donde este txakolí marida perfectamente.

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Pep Bransuela

Farmacéutico y enólogo

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