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Vinos

El vino «Carlón»

Algunas veces la historia y el mundo del vino se enlazan de forma muy curiosa. Éste es el caso de la relación que existe entre la localidad de Benicarló (Castellón) y países como Argentina o México, entre otros. Son pocos los que saben que el vino más consumido en toda la historia de Argentina es el vino Carlón, desaparecido ya hace unos cien años y que dominó el escenario local durante nada menos que cuatro siglos.

En el siglo XVI la corona española prohibió el cultivo de la vid en sus colonias americanas, por lo que el vino debía importarse desde España. Con esta premisa, los funcionarios y las altas clases sociales de esos países se aseguraban la provisión de los vinos finos de La Rioja, de alta calidad, mientras que el resto de la población debía conformarse con productos más económicos provenientes de Benicarló, lo que propició un auge de los vinos de esta pequeña localidad valenciana.

En Benicarló se elaboraba un vino al que durante su vinificación se le agregaba mosto concentrado cocido para preservarlo más tiempo. La uva principal con la que se hacía era la garnacha, junto con la garnacha tintorera, uvas de alto rendimiento en el viñedo, con una carga importante de color y de taninos. Estas cepas daban como resultado un producto denso, de unos 15 a 16 grados alcohólicos, de color intenso azulado oscuro, con una potencia aromática fuerte y persistente, cualidades que hacían un poco difícil beberlo puro.

Desde mediados de la década de 1500 hasta principios de 1900 fue un producto muy popular, pero poco a poco los vinos autóctonos de las regiones donde se consumía fueron ganando terreno a este caldo, y a partir de la década de 1930, y debido a las plagas de filoxera y mildiu en los viñedos, se inició su declive. De todas maneras, hace un tiempo que en la región de Benicarló están experimentando con la vuelta de este vino, que fue el rey de muchas mesas alrededor del mundo.

46 EF577 VINOS LIBROS vino

 

The Orange Republic 2017
D.O. Valdeorras
Precio: 15 €
Fantástico vino blanco, dejado 6 meses en crianza sobre sus lías, y 14 grados alcohólicos que saben a miel, fruta blanca como pera y melocotón en nariz, y untuoso y longevo en boca. Fresco a la vez que potente y persistente en el paladar, con unos aromas frescos y herbáceos y una mineralidad pronunciada. Perfecto para cualquier arroz con marisco o pescado, carnes rojas con salsas contundentes y para empezar un buen aperitivo graso.

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Pep Bransuela

Farmacéutico y enólogo

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