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Tertulia de rebotica

La retaguardia feroz

El tiempo nos hace y deshace. Pensamos en tiempos idos y la vanguardia efectúa un bucle melancólico en nuestros recuerdos que se anuda en un imaginario imposible, puede que la tecnología acabe con el mito del eterno retorno pero, de momento, no va más allá de los efectos especiales (me repito, pito, gorgorito).
Ser original después de los griegos es casi misión imposible, apenas queda nada por plagiar y la vanguardia, que ya debiera ser retaguardia, no se da por vencida. Ciñéndome a mis años, venerable edad, de entre los recuerdos la retahíla viene así, más o menos. Los ready-made de Marcel Duchamp, objetos manufacturados de uso cotidiano y promocionados como obras de arte por la sola decisión del artista, como esa Fontaine (1917), un urinario girado a una posición inusual. Contra el arte retiniano y la delectación esteticista el es una obra de arte todo lo que con tal nombre se exhibe en una galería o museo. Después de los campos de concentración nazis, el horror en su mayor grado de pureza, Adorno preguntó cómo después de Auschwitz era posible escribir poesía (1945). La figura del poeta contando las sílabas del endecasílabo con los nudillos de sus manos había de dar paso a nudos, epitafios y arritmias de diferente entrelazamiento. No un verso sino un hombre nuevo. En los cincuenta R´n´R. Se acaba Cole Porter y surge la no canción pop de la juventud urbana con la fuerza de un tiro. No más de doce compases de fondo y letra simplísima con la última voz chorreando oro o semen. Puedes ser cualquier cosa, negro, imbécil, loco, delincuente e, incluso, blanco e inteligente, y salir adelante. Little Richard y su tutti fruti: awopbopaloobop alopbamboom. Entre la onomatopeya y la jitajánfora. Y su paradoja en 1952. John Cage responde al estruendo de las demoliciones morales y rítmicas con su pieza 4´33´´, una audición de cuatro minutos y 33 segundos de silencio, el sonido de nuestros sentidos más íntimos acallando el sinsentido del ruido y la furia. Un punto de fuga con un discurso memorable: «No tenía nada que decir y ya lo he dicho». La Griswold Galery de New York, galería de abstracción pura y dura, en 1960 propone a todos sus artistas el radical enfrentamiento con la originalidad, contra todo tipo de reprografía, un adiós a la obra gráfica y a los múltiples (quizás a la venta a plazos) por el radical sistema de trocear el original y exhibir las partes como «parte de» firmadas y autentificadas. El fractal se subdivide y multiplica, pero no se replica en el espejo. Para Norman Mailer, en su film Maidston (1970), tratase de lo que tratase su argumento, lo importante no fue crear un material nuevo sino sobre un material ya rodado en otras películas montarlo a su aire. Después de tanto cine para qué molestarse en rodar una escena nueva, bastaría con tomar de la filmografía universal aquellas imágenes o secuencias que considerases necesarias para tu nueva obra (algo así acaba de recomendar Godard). Más ese otro acontecimiento inolvidable que ahora ni usted ni yo recordamos y así hasta el actual Danubio universal. Un larguísimo, sinuosísimo y bifurcadísimo proceso a la contra, contracultural, contra la cultura dominante, que evidenciando la vigencia del principio marxista de «la cultura dominante es la del país dominante», terminaría erigiéndose él en dominador. Un repetido y contradictorio bucle que inevitablemente conduciría a la posmodernidad. Y ahora, en la post posmodernidad, ¿qué? Los esotéricos dicen que estamos en el final de un ciclo astral y los científicos de frontera que nos abrimos a un mundo inédito. Los dos colectivos coinciden cuánticamente y todos sabemos que la felicidad, el amor, el miedo, el dolor y la esperanza seguirán nutriéndose del mismo humus deletéreo. Será interesante el vivir esa contradictoria coincidencia. Quizá no sea posible la observación desde la nocturnidad de una guardia farmacéutica, están cambiando tanto las cosas. En una noche de guardia empecé mi primera novela con estas palabras: Ni héroe ni nada. La verdad es que no ha variado mucho mi pensamiento, la gran diferencia es que ahora me cuesta más.
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Raúl Guerra Garrido

Farmacéutico. Escritor. Premio Nacional de las Letras 2006. /www.guerragarrido.es/

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