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Las grandes ciudades (I)

07 Noviembre 2011
Diario de un Erasmus

Existe un debate entre aquellos que se van a ir de Erasmus en torno al tamaño de la ciudad a elegir. Independientemente del país, el idioma y lo que vayan a cursar en su estancia europea, la primera pregunta que tienen que hacerse es: ¿Ciudad grande o ciudad pequeña?

La aventura de lo desconocido

27 Junio 2011
Diario de un Erasmus

A pesar del título del artículo, en esta historia que les vengo contando últimamente acerca del Erasmus, aún no han salido de casa (entiendo que en muchos casos, la de sus padres). Y si lo que quieren es empezar a ver mundo, aún nos quedan un par de meses para empezar a viajar, porque antes tengo que hablarles de los preliminares.Son importantes, no siempre necesarios, pero sí en su caso. Ya tienen asegurado el destino, el tiempo y el (poco) dinero, pero les quedan flecos por cerrar. Este artículo no es la opinión de un técnico en la materia, como podría ser yo. Indaga más en la cara B del Erasmus. En los pensamientos del que viaja, en la materia gris, el sentimiento, el duende, que decimos los flamencos. Voy a contarles algunas fases por las que puede que pasen antes de marcharse.
Las facultades de Farmacia de España ofrecen tres modalidades distintas cuando uno se apunta al viaje del Erasmus, que detallaré cuando cojamos por fin el avión, pero la más normal es la de las asignaturas. Lo más común entre nuestros estudiantes es que elijan seguir cursando las materias correspondientes en el extranjero. Si van a realizar esta modalidad, les recomiendo que antes de partir intenten asegurarse las convalidaciones para evitarse sorpresas inesperadas a la vuelta. Si se preguntan qué relación tiene esto con el título, puede que no la encuentren, pero un gran número de ustedes va a enfrentarse aquí a la odisea de encontrar similitudes entre sus más que sobados planes de estudios y aquellos que se ofertan en las universidades de acogida, y créanme, no es un paseo en bicicleta, es más parecido a escalar sin cuerdas ni pies de gato. Esta sería la fase de la confusión inicial. Cierto desconcierto podemos llamarlo, si lo prefieren. Una leve brisa de confusión, para los más poetas.
Nuestras facultades de nuevo presentan una heterogeneidad propia solo de nuestro sistema educativo, de manera que no siguen un patrón fijo. Van a encontrarse con tres singularidades distintas, según la universidad. En algunas facultades existe una tabla de convalidaciones, que muestra las equivalencias entre las asignaturas españolas y las extranjeras, que se ha ido perfeccionando a lo largo de los años, de manera que la búsqueda será rápida e indolora. En otras facultades, en segundo lugar, será usted mismo el encargado de bucear en las universidades extranjeras y presentar su propuesta de convalidaciones, que será aprobada o rechazada por la comisión encargada a tales efectos. Ni que decir tiene que las propuestas de la tabla de una universidad no tienen por qué ser válidas para la otra, aunque siempre es conveniente intentarlo. Por último, está la opción que más me gusta, que es la que llamo la opción suicida, o por ser fiel a mi título, la opción desconocida, en la que uno va, cursa lo que le parece que es similar a lo que se imparte en España y, a la vuelta, lo mismo tiene suerte que ha perdido un año. Maravilloso, en cualquier caso. Claro que si diferentes son las facultades, los alumnos no lo son menos, porque aquí tenemos que distinguir básicamente entre dos grupos. Tengo que confesarles que no sé muy bien qué nombre es el que se les debe aplicar a cada colectivo, así que diré, sencillamente, los que van a curso por año y los que no. Es este segundo grupo el que va a dar más guerra, el que va a tener que cuadrar un horario con varias Químicas Farmacéuticas, seguramente Toxicología, no desprecia la Farmacia Galénica y, evidentemente, necesita aprobar Farmacología. Alguien que pretende saber la carrera en varios idiomas. Este grupo tiene la suerte, aunque sea desgracia, que todas estas magníficas asignaturas que tan fácil se aprueban, ya sea en Granada, Madrid o Santiago, existen en todos los planes de estudio de Farmacia que se precien, pues no dejan de ser la esencia de la carrera. Por su lado, los que vayan a curso por año, siempre que se lleven asignaturas de menos nombre, y que no se me ofendan en los departamentos, podrían encontrar más dificultades. Un ejemplo claro es el ostracismo al que somete Italia a la Parasitología en prácticamente todas sus facultades o las prohibiciones de la Universidad Complutense para los alumnos de quinto curso que deseen aprender la forma de gestión o la legislación extranjera. Ambas asignaturas deben ser cursadas en España. Pero no sufran, que esta fase inicial de lucha contra algo de lo que no se tiene ni idea, la lotería de las asignaturas, se acaba rápido.

Los sentimientos
Pero la pelea contra lo desconocido no acaba aquí. Cuando se asignan las plazas, en la mayoría de los casos, ustedes no conocerán a sus compañeros de viaje, si es que los hay. A lo mejor se han cruzado por el pasillo cientos de miles de veces y ni se han saludado, pero dentro de poco, ese o esa desconocida que ustedes reconocían con un «es de la facultad» está a punto de convertirse, sin quererlo, en alguien casi de su familia. Es la aventura de lo desconocido. Se plantearán buscar piso con él o ella. Hablarán de viajar juntos y miles de planes que no se suelen hacer con un desconocido. Pensarán en billetes, cafeteras, edredones y demás enseres. Este momento de la vida a uno sólo le llega, en teoría, dos veces, cuando se va de Erasmus y cuando hace la lista de boda. Empieza el amor.
Las nuevas tecnologías han aumentado considerablemente las posibilidades de conocer a los futuros (y todavía desconocidos) compañeros de estudios. A través de las redes sociales de mayor difusión, año a año van creándose grupos en los que figuran el curso académico y la ciudad de destino, y en los que cada uno cuenta su procedencia y sus intenciones (más preliminares). El acceso a la información es tal, que parece hasta obsceno, y entonces les entrarán los nervios. Los nervios por saber. Empezarán a visitar la Wikipedia, para saber cuántos habitantes tiene su ciudad de acogida, qué porcentaje de estudiantes y, sobre todo (somos españoles y ya lo decía aquel monologuista), lo primero que se preguntarán será ¿aquí dónde se sale? Como toda buena pregunta que se hace por Internet, eso les llevará a los foros. Existen muchos foros sobre Erasmus que arrojan mucha información de las ciudades y las universidades y, además, multitud de opiniones que han ido siendo recopiladas a lo largo de los años. Algo así como un libro único que pasa de generación en generación y del que se aprende y en el que se intenta aportar algo nuevo. Dentro de los más conocidos y recomendables encontramos Erasmusworld, la página web de la ESN (la asociación de estudiantes europeos más extendida por el viejo contiente), Erasmoos, Erasmusu o la red social Erasmus.me (muy variados los nombres, para que no se pierdan). Todos ellos suelen tener la misma estructura, dividiendo cada país en ciudades, y después en universidades, y tienen apartados de ocio, cultura, opinión, entretenimiento y todas las preguntas que puede despertar una ciudad desconocida. Los nervios a estas alturas son desmesurados.
Aún les quedan algunas sensaciones por vivir e incluso sufrirán alguna de la que no hablaremos hoy aquí, pero el miedo a lo desconocido no les llega a ustedes ni con el papeleo, ni con el enrevesado mundo de las asignaturas, ni al conocer a sus compañeros de aventura, ni siquiera ante la avalancha de nuevos amigos. El punto clave, suponiendo que se marchen en septiembre, será el verano. Es ahí cuando empiezan a verle las orejas al lobo y se dan verdaderamente cuenta de que su destino va a cambiar. Según como sean ustedes, les dará por renunciar a la convocatoria de septiembre, por estudiar como energúmenos, por llorar, por aprovechar cada día en casa como si lo fuesen a prohibir o, como me pasó a mí, les dará por escribir. Escribir para recordar cada hora de cada día que pasen de Erasmus y en sus preparativos. No porque me pasase a mí, pero les recomiendo que escriban y que lo hagan por recordar. Muñoz Molina dice que la memoria no entiende de momentos y que elige los recuerdos al azar. Yo también creo en esa teoría y pienso también que recordar el Erasmus es algo que van a querer hacer. No lo hagan por ustedes ahora, sino por los ustedes del futuro. Pero no quiero desviarme, volvamos a los preliminares. Será una época de miedo y confusión, y si son ustedes de los estudiantes que antes decíamos, no van a curso por año, mi sincero y sentido consejo es que no les de por no estudiar. Ustedes saben tan bien como yo que somos un colectivo que no debe desaprovechar convocatorias; no suelen sobrarnos. Y sí, me incluyo y me identifico. De lo demás, puede que no tenga recomendaciones. Creo que al final llorar, van a llorar, pues lo lógico en estos casos es irse de casa llorando y volver de Erasmus llorando incluso más. Además, piensen que van a empezar a amontonarse las fiestas de despedida y los momentos emotivos se suceden sin querer, de manera que alguna lágrima se les escapará. Que si los amigos del pueblo, los del barrio, la familia, las abuelas y en el peor de los casos la pareja de turno, doble llorera, ya lo verán. Si tienen ustedes suerte, a lo mejor se les agasaja con una fiesta sorpresa, y entonces, ya, las lágrimas, pues les brotarán. O no, quién sabe. Pero lo cierto es que la mezcla de todos estos encuentros, el hacer la maleta, destartalar su habitación, la cara mitad orgullosa, mitad preocupada de sus padres, se traducirá en su propio miedo. Que irá creciendo con los días hasta que llega el día anterior a partir. Momento cúspide de la vida de un Erasmus que, pese a haber sabido desde un primer momento que quería marchar, no empieza a sentir el tembleque en la piernas hasta que se da cuenta de que va a pasar la última noche en su casa. Asumen que dan un paso adelante y salen de casa, solos, lejos del cobijo de sus amigos, sus familias y sobre todo se alejan del ala protectora de papá y mamá. Cuando esa noche estén en su casa, con toda una vida metida en la maleta, los armarios vacíos, los nervios a flor de piel, si Peter Pan viene a buscarles, no den la luz; porque dar la luz significa enfrentarnos a la cruda tristeza de que le hemos mentido y hemos crecido demasiado.

(Reparaz de la Serna, G. La aventura de los desconocido. El Farmacéutico Joven nº 5, julio 2011, Ed. Mayo. Disponible en: www.elfarmacéuticojoven.es)

Saber pedir

15 Abril 2011
Diario de un Erasmus

Siempre que entramos en cualquier concurso público es importante conocer a quién nos enfrentamos. Si es importante es cómo enfrentarnos a las administraciones (y si no saben esto es que no me han hecho los deberes, así que lean lo que ya les conté el mes pasado y no hagan que me enfade), no lo es menos saber contra quién competimos. Deben ser honrados, y ser conscientes de las limitaciones que les marcan sus méritos a la hora de pedir unos destinos u otros.

El viaje

26 Septiembre 2011
Número 6 - octubre 2011

Les tengo que confesar una cosa: soy un gran amante de los sueños. Tengo la teoría (y ya aprovecho para patentarla) de que no es capaz de soñar dormido el que no sabe hacerlo despierto. Resulta que el Erasmus se parece un poco a un sueño. Pasa por nosotros sin saber muy bien cómo, y al final quedan una serie de recuerdos casi siempre buenos que rememoramos y contamos una y otra vez. La única diferencia con los sueños de verdad es esa extraña condición espacio-temporal de los sueños (y que tanto me gusta también) gracias a la cual tan pronto estás con una gente en un lugar como pasas a otro distinto sin comerlo ni beberlo. El Erasmus se parece a un sueño, pero no es igual, de manera que las condiciones espacio-temporales se mantienen, pues no deja de ser un sueño que se vive despierto, así que que para llegar al sueño van a tener que elegir un medio de transporte. Entiendo que para muchos imaginarse el comienzo del Erasmus es ver a sus padres en la terminal quitándoles las legañas por última vez, pero vengo a defender y a explicar a esta tribuna las otras vías que tienen para llegar a sus destinos, y lo haré usando algunos ejemplos que me gustan. Descarten el zepelín, el globo y alguna antigualla más, y quédense con lo esencial: el tren, el coche y el avión.

 

El tren

Es posible que esto del tren les suene a muchos de ustedes a algo que está ya desfasado, pero, por ejemplo, los destinos del sur de Francia son muy accesibles en tren, sobre todo si viajan ustedes desde Barcelona o alguna otra ciudad del norte, e incluso desde Madrid, que cuenta con una línea prácticamente directa con algunos destinos de Francia desde la estación de Chamartín. Un claro ejemplo sería la ciudad francesa de Limoges, situada a unos quinientos kilómetros de la frontera con España. Durante muchos siglos la ciudad vivió fundamentalmente de su archiconocida porcelana, pero los cambios en la sociedad y en la industria la empujaron a un proceso de modernización, dentro del cual el proyecto más destacado fue su universidad, fundada en 1968. La ciudad tiene alrededor de 180.000 habitantes, de los que unos 17.000 son estudiantes (en torno al 10%). Cuenta con un centro histórico bellísimo, donde destacan la Catedral de San Estaban (que tardó casi 600 años en construirse) y el Mercado Central, cuyo diseño fue encargado a Gustave Eiffel (sí, el de la torre de París). Pese a ser una ciudad con poca tradición universitaria, al contrario de otras ciudades de las que les he hablado en ocasiones anteriores, hay que decir que según estudios del INSEE (el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos francés) Limoges es la primera ciudad francesa en cuanto a alojamiento (nos interesa), calidad y precios (nos interesa aún más), la segunda en calidad de vida (no nos viene mal) y la tercera en cuanto a la buena acogida de sus habitantes (nos viene que ni pintado). Pero no quiero mentirles: aunque Limoges tiene aeropuerto, los vuelos no son tan baratos como los que se ofertan para las grandes ciudades. Además, ya saben ustedes que el tren no implica esa obligatoria e infernal espera que le imponen a uno cuando viaja en avión. Tú llegas a la estación cinco minutos antes con tus cosas y te subes al tren tan tranquilamente. Por último, a los boticarios que salgan desde Santiago de Compostela les diré que Limoges para ellos no tiene pérdida, que sigan el Camino, pues la ciudad francesa forma parte de la vía Lemovicensis (de ahí su nombre: parte de Vézelay y pasa por Lemovicum, es decir, Limoges).

 

El coche

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a seguir hablándoles de Santiago de Compostela. A tan sólo 193 kilómetros al sur del final del Camino de Santiago, encontramos la ciudad portuguesa de Oporto. Es la segunda ciudad más grande de Portugal, su área metropolitana tiene más de un millón y medio de habitantes y está considerada la capital del norte portugués. Su eterna lucha con la capital, Lisboa, por ser el motor económico del país la ha convertido en la sede de muchas de las principales empresas portuguesas. Históricamente su riqueza se basó en las materias obtenidas en el valle del Duero, que baña la ciudad, pero su verdadero impulso económico se produjo con la comercialización del vino que lleva su nombre. El centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y destaca por los numerosos puentes que cruzan el Duero y que datan de distintas épocas (por cierto, el artífice de la torre Eiffel también diseñó uno de ellos, el Maria Pia). Oporto posee además la universidad más antigua de Portugal. Aparte de explicarles que si nos vamos de Erasmus a Portugal lo podemos hacer en coche, cosa que creo que tienen claro, aunque desde Madrid y Barcelona existan vuelos con esa compañía de bajo coste de cuyo nombre no quiero acordarme, me gustaría también romper una lanza a favor de nuestros vecinos. Existen bastantes prejuicios respecto al irse de Erasmus a Portugal: que si el país está muy cerca, que si el portugués no sirve para nada, que si sus universidades no tienen prestigio. Pues olviden todo eso: es mentira. Bueno, sí, está muy cerca, sobre todo de facultades como la de Santiago de Compostela o la de Salamanca (250 kilómetros), pero lo importante de este viaje no es lo lejos que estés de casa, sino lo que aprendes a recorrer, y eso no se mide en kilómetros. Además, las instituciones portuguesas son mucho más exigentes que otras vecinas nuestras, y exigen a los estudiantes Erasmus lo mismo que a uno local. Y qué decir del portugués. Hablar idiomas siempre suma, y el portugués es el quinto idioma más hablado del mundo, sólo por detrás del inglés (que, si no lo hablan ya, al menos lo entienden), el español (que manejan), el chino y el hindú. Además, un mercado muy importante en el futuro, el que ofrece Brasil, dentro de los años que les quedan para acabar la carrera será ya una realidad. Así que no lo duden: cojan su coche, afinen su portuñol y rumbo a Oporto.

 

El avión

Pese a todo el bombo que voy a intentar darle a otros medios de transporte, una gran mayoría de ustedes elegirá el avión para llegar a su universidad de acogida. En primer lugar, es el medio más rápido, y eso se valora mucho entre el gran público, sobre todo si sus sueños, o sea su Erasmus, va a tener lugar muy lejos de su casa. Viajar siempre cansa, pero más aún cuando hay que tirarse largas horas conduciendo o sintiendo el incómodo traqueteo de las vías del tren. Pero el avión tiene también algunas desventajas. En primer lugar las esperas, siempre largas y tediosas en esos fríos y mastodónticos edificios que son los aeropuertos. Además, existen limitaciones en el equipaje, que varían según la compañía. No es menos cierto que durante los últimos años, coincidiendo con el crecimiento del programa Erasmus, se ha producido un incremento en los servicio de mensajería que mandan paquetes al extranjero a precios competitivos (que les metan siempre jamón en esos paquetes, háganme caso). Por último, les aconsejo que valoren que no a todos los destinos se llega con igual facilidad. No todo son Romas y Parises a los que se llega por cuatro duros desde cualquier punto de España. Hay ciudades mal comunicadas, o simplemente sin vuelo directo desde aquí. Estúdienlo bien, que igual es el adusto ferrocarril el que les salva en más de una ocasión.

¿Han decidido ya? ¿Saben cómo llegar hasta su sueño? Se da la paradoja de que el final de ese viaje es el principio de uno mucho más largo y agradable. Y ahora sí: ya pueden (y lo harán) empezar a disfrutar de su sueño. No se preocupen, que esta vez no va a poder despertarles nadie.

Money, money, money

18 Mayo 2011
Diario de un Erasmus

Si alguno de ustedes ha reconocido el título de este artículo es que les gusta el cine. Y el buen cine, además, porque es una de las canciones del musical Cabaret que Liza Minelli protagonizó en los setenta, cosechando numerosos premios. Aunque la cosa no vaya de cine, sino de Erasmus, como siempre, intentaré darle un poco de arte (del séptimo) para explicarles uno de los temas más escabrosos que arrojan los intercambios. Porque me habrán leído hablar de las maravillas del Erasmus, pero tiene sus peros.

En otra obra maestra del cine, Con faldas y a lo loco, del inigualable Billy Wilder, en la última escena de la película, un travestido Jack Lemmon desgrana las razones por las cuales no puede casarse con el anciano rico que había quedado prendado de sus encantos femeninos: que si fuma, que si no podrá tener hijos, etc. Harto de la indiferencia que muestra su flamante prometido, finalmente confiesa el mayor problema que tiene, ser un hombre, a lo que el viejo millonario le contesta «nadie es perfecto». Pues básicamente eso es lo que le pasa a la archiconocida beca Erasmus. No es perfecta. Tiene tantas ventajas que no me caben en la boca, pero recibe el irrisorio nombre de beca Erasmus porque tiene que tener un prefijo. No acaba ahí la vaina (me refiero a la económica, no a la cinematográfica), ya que al insultante montante de la ayuda hay que sumarle la desigualdad que existe entre las distintas comunidades.

Ventajas y agravios
Esta España de las autonomías tiene muchas ventajas, que tampoco les voy a contar aquí, pero presenta algunos agravios en según qué materias, entre ellas la educación. Según cuál sea su facultad de origen, van a recibir más o menos dinero y podrán optar a otras ayudas o bolsas de viaje, tal y como les voy a ir detallando a continuación.
Voy a contarles un pequeño secreto que imagino que a estas alturas de la película (recuerden que hoy la cosa va de cine) no habrán oído todavía: estamos en crisis. Tenemos la buena costumbre en España de, en época de guerra, recortar del eslabón más débil, la educación y la sanidad (y de esto, amigos farmacéuticos, tienen que estar al tanto), y las becas se recortan que da gusto. Vamos a empezar hablando de los fijos. A todos los Erasmus se les da un dinero que no debe reclamar, a diferencia de otras becas como la SICUE-Séneca, sino que les es otorgado automáticamente al convertirse en beneficiarios del intercambio, y que corresponde a la Prestación de Movilidad de la Comisión Europea y a la subvención lineal del Ministerio de Educación (de aquí en adelante MEC). Dichas cantidades ascienden (por decir algo) a 120 y 172 € al mes por becario (un máximo de ocho meses), respectivamente. Son datos para el curso 2010/2011, el vigente, pero si consultamos los del año anterior podremos ver que dichas aportaciones han descendido desde los 135 y los 215 €, respectivamente. Si tiran de calculadora verán que el descenso es del 12% para la ayuda de la Comisión Europea y de un 20% para la del MEC. Asimismo, debemos destacar que los becarios del MEC que reciban beca para cursar sus estudios, habitualmente también percibirán beca en caso de ser beneficiarios de un Erasmus, y que existe una ayuda adicional para estudiantes Erasmus con discapacidad.
Por tanto, si analizamos el bruto recibido por el grueso de la tropa, realizando el cálculo para una estancia de nueve meses, un curso completo, y teniendo en cuenta que la ayuda del Ministerio es sólo para estancias de un máximo de ocho meses, caeremos en la cuenta de que la única ayuda fija que vamos a tener es de 272,88 € al mes. Yo no sé si ustedes han vivido fuera de casa alguna vez, si han consultado el precio de los alquileres o si hacen la compra habitualmente, pero por si acaso, ya se lo explico yo. Por ejemplo, la vivienda. Buscar piso suele ser uno de los entretenimientos más sufridos del Erasmus (ya les hablaré de esto más adelante, no se me despisten) y aunque entiendo que no van a vivir en el Palacio de Buckingham, creo que sus familias no verían con buenos ojos que se instalasen en un cajero automático. Si cogemos, es un suponer, el precio medio de un piso de alquiler en San Sebastián, que es la ciudad más cara de España, todo sea dicho, con la ayuda económica de la que hablábamos antes podrían aspirar a un piso de 21,3 m2. No está tan mal, ¿verdad? Para una sola persona, es más que aceptable. Si pueden, pídanlo sin cocina porque no les va a quedar dinero para más, así que no van a usarla. Como verán, es una auténtica miseria. Esperemos que su Comunidad Autónoma aporte algo. Vamos a por ellas.

Distintas
Como pienso que este tema es demasiado peliagudo y no quiero que parezca la escena de la ducha de Psicosis, de Hitchcock, he decidido citarlas en orden alfabético para evitar apuñalamientos innecesarios a las políticas educativas de las distintas regiones.
En Andalucía encontramos dos facultades de Farmacia, la de la Universidad de Sevilla y la de la Universidad de Granada. Sus prestaciones económicas son similares. A los dos fijos de antes, espero que los ya famosos 272 €, hay que sumar la aportación de la Junta de Andalucía. El montante total por becario y mes es de 600 € y puede ser de hasta 900 € para los becarios del MEC. En la Universidad de Granada encontramos además un caso curioso, y es el convenio alcanzado con los Ayuntamientos de distintos pueblos, no necesariamente de la provincia de Granada, los hay también de Jaén o Murcia, que aportarán a los alumnos de sus municipios matriculados en dicha Universidad una ayuda adicional a la movilidad.
En Canarias, la actriz única es la Facultad de Farmacia de la Universidad de La Laguna. Ni que decir tiene que los canarios reciben los 272 € de turno, a los que suman diversas ayudas. En primer lugar, el Gobierno Autónomo de Canarias aporta 990.000 € (cantidad ligeramente inferior a la de años anteriores), a repartir entre todos los Erasmus residentes en Canarias que hayan superado más del 30% de las asignaturas de la carrera. Dicha partida presupuestaria se divide en dos modalidades no excluyentes. En primer lugar encontramos una bolsa de viaje, que sería de un máximo de 1.980 € y cuya cuantía podría disminuir en función del número de solicitudes, y por otro lado podemos recibir una ayuda de 213 € adicionales al mes, cantidad que podría disminuir en caso de que el concurso fuese multitudinario. Asimismo, los Cabildos de las distintas islas, conocedores de la escasa oferta que existe en muchas de ellas, colaboran con sus alumnos para favorecer la movilidad, tanto en España como en el caso que nos atañe, con bolsas de viaje que oscilan, según el cabildo, entre los 1.500 € y los 1.900 €. El departamento de Relaciones Internacionales indica además otras ayudas que un Erasmus puede pedir, tales como la de la fundación MAPFRE Guanarteme, las de los bancos (hablaremos de éstas más adelante) o las de los países de acogida. Este dato, siendo cierto, no es facilitado en el resto de panfletos, páginas web o guías de ayuda al estudiante de las demás facultades de Farmacia.
Siguiendo nuestro escrupuloso orden alfabético, el viaje nos lleva a Castilla y León, donde encontramos la más antigua de las universidades que albergan una facultad de Farmacia, la Universidad de Salamanca. El Gobierno Castellano-Leonés presupuestó para el curso 2010 una cantidad en torno a los 257.000 €, que repartiría como bolsa de viaje a todos los beneficiarios de la beca Erasmus y que dividiría en función del número de meses de la estancia. Durante el presente curso, la ayuda fue concedida a 187 paisanos, de manera que cada uno percibiría una ayuda adicional de 152 € al mes.
Los Erasmus de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona reciben una ayuda adicional a los 272 € por parte de la Generalitat de Catalunya que asciende a los 200 € por mes y becario, pero que, a diferencia de otras Comunidades y otras becas, se mantendrá durante un máximo de seis meses. Los beneficiarios entrarán a concurso bajo los siguientes criterios: expediente (50%), conocimiento del idioma (20%), criterios económicos (20%) y país de destino (10%).
Llegamos a la capital. En la Comunidad de Madrid (CAM) hay cuatro facultades de Farmacia, pero hemos sacado del estudio a las universidades privadas ya que sus subvenciones presentan ciertas particularidades, así como sus convenios. Por tanto, nos quedan la Complutense y la Universidad de Alcalá. La CAM destina algo más de dos millones de euros, que divide entre los alumnos beneficiarios de la beca Erasmus que tengan una renta per capita familiar inferior a los doce mil euros. La ayuda máxima será de 1.800 € para estancias de nueve meses, y para estancias menores la cuantía será proporcional (200 € al mes). Además, existe otra particularidad. En los últimos años, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid ha entregado, a toro pasado, un cheque a los boticarios Erasmus. Aporta una cantidad que divide en dos partes iguales a repartir entre las universidades arriba nombradas. Siendo una ayuda útil, es un tanto injusto el reparto, teniendo en cuenta que el volumen de alumnos que manda la Universidad Complutense es bastante mayor, de manera que su ayuda está reducida a la quinta parte de la que perciben los boticarios alcalaínos.
Un caso parecido al anterior ocurre también en la Comunidad Valenciana, donde de nuevo vamos a estudiar sólo las universidades públicas, que en este caso son la Universidad de Valencia y la Universidad Miguel Hernández (UMH), de Alicante. Ambas reciben ayudas, evidentemente, del MEC y de Europa, a las que suman entre 60 y 90 €/mes según el destino en cuestión que aporta la Generalitat Valenciana. Por su parte, la UMH colabora con un fondo propio del que cada Erasmus cobra 38 €/mes, mientras que los estudiantes de la Universidad de Valencia reciben 50 € al mes. Estos últimos, siempre que estén empadronados en el Ayuntamiento de Valencia, optarán a una ayuda adicional de 100 € al mes con la que se premiarán los mejores expedientes académicos.
En Galicia, el aporte de la Xunta puede llegar incluso a duplicar las ayudas del Ministerio y la Comisión Europea. Existen dos tipos de ingresos. Uno, en función del número de meses de estancia, que será de 150 € para los alumnos que disfruten de tres meses de beca, 300 € para los de seis y, claro, 450 € para los de nueve. Por otro lado, existe una ayuda dentro de la misma partida que irá desde los 2. 000 € a los 200 € y se repartirá en función del expediente. El grupo de los elegidos, los que tengan un expediente entre 3,5 y 4, recibirán la mayor cantidad, mientras que el pueblo llano, entre 1 y 1,5, recibirá 200 €. El montante máximo al que se aspira será de 2.450 €, es decir, 272 € al mes.
Para acabar, tengo que hablarles del País Vasco. Como siempre, la información que encontramos en su página web es inmejorable y explica perfectamente todas las ayudas a las que cualquier Erasmus puede optar, incluyendo las entidades bancarias que colaboran. Aunque la tabla habla por sí sola, les explico rápido. El Gobierno de Euskadi colabora con 120 € al mes para un máximo de nueve meses y el Vicerrectorado aporta 500 € para cada estancia.

Los bancos
No quiero que vean este artículo como la versión extendida de la trilogía del Señor de los Anillos, pero no conviene olvidar un punto sobre el que les prometí que volvería, las entidades bancarias. El compromiso de las cajas con las obras educativas debe reflejarse en casos como éstos, pero ya les decía que la crisis azota y un ejemplo claro es Caja Madrid. La segunda caja más importante de España suspendió sus becas Erasmus el curso pasado, dejando a los estudiantes madrileños con menos posibilidades de afrontar su estancia con garantías. En la actualidad, la valenciana Bancaja, que recientemente se fusionó con Caja Madrid, es una de las entidades que colaboran más activamente con la causa Erasmus y tiene firmados convenios con numerosas universidades (entre las que nos atañen está, evidentemente, la de Valencia, la de La Laguna o la Complutense, por citar algunas), con las que organiza concursos públicos para incrementar la ayuda a los estudiantes. Sin querer darle bola a ningún banco o caja, la obra social de La Caixa es de reconocidísimo prestigio, tanto en movilidad europea como allende los mares. En los últimos años, la Fundación Fernando Alonso, a través del Banco Santander, ha ofrecido becas cuantiosas. Otras cajas, como la Kutxa o la BBK en Euskadi e IberCaja, en Aragón, también pueden presentar ayudas interesantes que deberían consultar siempre que tenga cuentas en ellas.
Supongo que esta película no ganará el Oscar al mejor guión original, porque los números gustan menos a la Academia que las buenas letras, pero era difícil evitarlos para explicarles que durante muchas etapas del viaje van a sentirse como Paul Newman mientras jugaba al billar por los tugurios de Minnesota; como El Buscavidas, vamos.

El papeleo

23 Marzo 2011
Diario de un Erasmus

La beca Erasmus es una de las mejores experiencias que pueden tener a lo largo de su etapa universitaria. Imaginen una coctelera llena de gente nueva de todos los países de Europa, un idioma distinto, una ciudad diferente, una facultad extraña a la habitual, profesores dispares, nuevos conocimientos, impartidos con otro modus operandi, el desarrollo de un instinto de supervivencia que ignoraban tener, y obtendrán la mezcla que acaba siendo un Erasmus.

Pero, como en cualquier garito de poca monta, llegar hasta la barra tiene sus trabas y conseguir la copa nos va a costar un buen número de encontronazos con la administración.

La beca Erasmus-Sócrates está pensada como la antesala -o las prácticas- del Plan de Bolonia, favoreciendo la movilidad de estudiantes a lo largo y ancho del viejo continente, y pese a ser una idea excelente en el fondo, las formas no están establecidas y está concebido como un pacto de caballeros. Es por ello que cada universidad tiene su libro de ruta.

Los farmacéuticos no somos una excepción, y las diferencias entre nuestras facultades a la hora de entrar a concurso son notables.

Como toda historia lógica, y esta pretendo que lo sea, empezaré por el principio. Lo primero que deben tener en cuenta a la hora de solicitar una beca Erasmus, o de la índole que sea, es si cumplen los requisitos marcados por la Universidad. Cabe pensar que estos deberían ser los mismos en todas las facultades, siendo, como es, un programa común en toda Europa; pero sólo hay dos requisitos -que permítanme que les diga, son de cajón- que debe cumplir cualquier estudiante de Farmacia: estar matriculado en la universidad y ser ciudadano europeo o tener el permiso de residencia en regla. A partir de aquí, las pequeñas diferencias marcan la tónica general. En las universidades del País Vasco y Complutense de Madrid es requisito indispensable haber superado un número mínimo de créditos de primer curso, lo que, por ejemplo, no se exige en Granada.

Una vez que se hayan asegurado de que cumplen dichos requisitos, comienza la ardua tarea del papeleo. Los asuntos de palacio van despacio, así que no se atoren si encuentran multitud de documentación a entregar. Ármense de paciencia, que el objetivo que persiguen bien merece la pena un par de mañanas de pelea. Siguiendo la línea de los requisitos, los documentos a entregar varían según su facultad de origen, y no sólo eso, varía también la forma de hacerlo. Un ejemplo es la solicitud de beca. La Universidad Complutense, paradigma de educación moderna en otras épocas, se ha adaptado con menos gracia a las nuevas tecnologías, y pese a que obliga a rellenar la solicitud de forma telemática, exige también imprimir y entregar la misma en papel, quedando archivada ésta en el registro de la facultad. La Universidad del País Vasco, gracias a su moderno GAUR, plataforma informática utilizada para casi cualquier asunto académico, sería el sistema opuesto. Todo por Internet; prohibido el papel. Un detalle, viendo cómo me están dejando el Amazonas, la verdad.

No viaja sola

La hoja de solicitud no suele viajar sola. En la Complutense deben acompañarla del Curriculum Vitae, por ejemplo, pero el punto al que realmente deben prestar atención es al idioma del país de destino. En este campo, las facultades de Farmacia tampoco siguen un patrón fijo. Todas exigen un nivel mínimo de conocimientos, pero éste no está oficialmente consensuado y depende en muchas ocasiones del destino que vayan a elegir, que es quien marca las pautas que requiere. Aunque, como en otros puntos también, nuestras facultades tienen diferencias como muestran los siguientes ejemplos. La Universidad de Valencia exige un diploma acreditativo con un nivel mínimo de B1, según el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (ver la tabla 1).

Tabla 1. Niveles comunes de referencia: escala global

Usuario
competente

C2

Es capaz de comprender con facilidad prácticamente todo lo que oye o lee.
Sabe reconstruir la información y los argumentos procedentes de diversas fuentes, ya sean en lengua hablada o escrita, y presentarlos de manera coherente y resumida.
Puede expresarse espontáneamente, con gran fluidez y con un grado de precisión que le permite diferenciar pequeños matices de significado incluso en situaciones de mayor complejidad. 

C1

Es capaz de comprender una amplia variedad de textos extensos y con cierto nivel de exigencia, así como reconocer en ellos sentidos implícitos.
Sabe expresarse de forma fluida y espontánea sin muestras muy evidentes de esfuerzo para encontrar la expresión adecuada.
Puede hacer un uso flexible y efectivo del idioma para fines sociales, académicos y profesionales.
Puede producir textos claros, bien estructurados y detallados sobre temas de cierta complejidad, mostrando un uso correcto de los mecanismos de organización, articulación y cohesión del texto. 

Usuario
independiente

B2

Es capaz de entender las ideas principales de textos complejos que traten de temas tanto concretos como abstractos, incluso si son de carácter técnico siempre que estén dentro de su campo de especialización.
Puede relacionarse con hablantes nativos con un grado suficiente de fluidez y naturalidad de modo que la comunicación se realice sin esfuerzo por parte de ninguno de los interlocutores.
Puede producir textos claros y detallados sobre temas diversos así como defender un punto de vista sobre temas generales indicando los pros y los contras de las distintas opciones. 

B1

Es capaz de comprender los puntos principales de textos claros y en lengua estándar si tratan sobre cuestiones que le son conocidas, ya sea en situaciones de trabajo, de estudio o de ocio.
Sabe desenvolverse en la mayor parte de las situaciones que pueden surgir durante un viaje por zonas donde se utiliza la lengua.
Es capaz de producir textos sencillos y coherentes sobre temas que le son familiares o en los que tiene un interés personal.
Puede describir experiencias, acontecimientos, deseos y aspiraciones, así como justificar brevemente sus opiniones o explicar sus planes. 

Usuario
Básico

A2

Es capaz de comprender frases y expresiones de uso frecuente relacionadas con áreas de experiencia que le son especialmente relevantes (información básica sobre sí mismo y su familia, compras, lugares de interés, ocupaciones, etc.).
Sabe comunicarse a la hora de llevar a cabo tareas simples y cotidianas que no requieran más que intercambios sencillos y directos de información sobre cuestiones que le son conocidas o habituales.
Sabe describir en términos sencillos aspectos de su pasado y su entorno así como cuestiones relacionadas con sus necesidades inmediatas. 

 

A1

Es capaz de comprender y utilizar expresiones cotidianas de uso muy frecuente así como frases sencillas destinadas a satisfacer necesidades de tipo inmediato.
Puede presentarse a sí mismo y a otros, pedir y dar información personal básica sobre su domicilio, sus pertenencias y las personas que conoce.
Puede relacionarse de forma elemental siempre que su interlocutor hable despacio y con claridad y esté dispuesto a cooperar. 

En caso de no poseerlo, el alumno deberá concurrir a una prueba de idioma. Este proceso es el más común entre nuestras facultades, pero no es excepcional. El hecho de desconocer el idioma por completo limita el acceso al examen de nivel a los alumnos de la Universidad Complutense. Otro ejemplo distintivo sería el aplicado por la Universidad de Granada para el nivel de inglés, que será evaluado independientemente del idioma del país de destino, siempre que el estudiante demuestre un nivel igual o superior al B1.

Una vez superados estos dos obstáculos, sólo les queda esperar. La suerte está echada y su destino depende ya de las Oficinas de Relaciones Internacionales. Puede que este nombre les suene a chino, pero si van a convertirse en estudiantes beneficiarios de una beca de movilidad conviene que vayan acostumbrándose a visitarla. Como les decía, su suerte está echada y no será tanto ésta como sus méritos los que les puedan llevar a las puertas del cielo (aún no a abrir, no se crean). Los dos baremos que van a determinar su futuro serán, precisamente, el nivel de idioma y su expediente. No vayan a pensar que en esto se han puesto todos los farmacéuticos de acuerdo (cosa que con el tiempo verán que es prácticamente imposible), porque, pese a ser un criterio general, cada uno aplica una fórmula diferente. En la Universidad de Granada toman la nota del expediente, sobre diez, y le suman la prueba de idioma, hasta llegar a un máximo de doce puntos (se obtienen dos puntos al obtener un nivel C2 en la prueba de idioma). En la facultad de Farmacia de la Complutense, el expediente, sobre cuatro, cuenta un ochenta por ciento frente al veinte por ciento del idioma. Por su parte, la Universidad de Valencia utiliza un sistema de medias ponderadas en el que se tienen en cuenta los créditos superados frente a los créditos totales de la carrera y el ya citado nivel mínimo de idioma. Demasiados números para llegar a la misma meta.

Esquema UGRUna vez resueltas las solicitudes, con los baremos indicados, llega la hora de aceptar o rechazar la plaza de manera formal (ver en la imagen el ejemplo de la Universidad de Granada, el Esquema UGR). El incremento de la popularidad de la beca ha traído consigo un aumento en el número de convenios que se firman entre las facultades de Farmacia de Europa, pero también una demanda descomunal, por lo que la competencia para algunos destinos es feroz. El hecho de que no se les otorgue la primera opción nunca debería ser un impedimento a la hora de empezar la aventura. La unificación de programas de estudio y la normalización en el tránsito de estudiantes ha crecido tanto que todos los destinos presentan un gran atractivo, tanto académico como personal.

Abrir la puerta

Dicha aceptación, y siento decírselo tan abiertamente, no es el final del papeleo, pero abre las puertas a nuevos horizontes de cara a nuestra estancia Erasmus. Con la plaza ya en el bolsillo tendrán nuevos problemas, mucho más interesantes teniendo en cuenta que se saben ganadores. Los dos documentos estrella para un farmacéutico de Erasmus son el Application Form (el registro como estudiante Erasmus) y el Learning Agreement (para los de la LOGSE, el contrato de estudios). Son las universidades de destino las que marcan el calendario a seguir, así como son nuestras facultades las que deciden los plazos para los estudiantes que recibimos. Conviene estar informado de dichos plazos porque, pese a que los compañeros suelen ser flexibles con las fechas, siempre es mejor empezar con buen pie. Entrar por el buen ojo.

El registro es fundamental para que nos esperen. El alumno Erasmus es el último mono del programa educativo. Pese a que nuestras facultades mantienen contacto con las universidades de destino, siempre es mejor no aparecer allí como un amigo gorrón. El registro debe realizarse a través de Internet, normalmente en la página web de la universidad a la que vayan.

El contrato de estudios es un asunto muy peliagudo. No todas las facultades de Farmacia actúan igual en este sentido, y quizás este sea un punto en el que flaquea el programa. Existen muchas facultades, y no solo dentro de nuestro campo de estudios, en las que el alumno Erasmus cursa X asignaturas en el extranjero y a su vuelta puede encontrarse con la sorpresa de no saber si se las van a convalidar por las que él pensaba. Es por ello que es importante que estén atentos a los programas de estudios de todo aquello que quieran cursar, intentando que su contenido se ajuste lo máximo posible al de la asignatura de su universidad de origen. En ciertas facultades de Farmacia, como por ejemplo la de la Complutense, este control se realiza antes de la partida del alumno, de manera que éste ya sabe lo que puede esperar a la vuelta.

Como verán, la tela de araña que se teje en torno a ustedes antes de dejarles marchar no es precisamente pequeña, pero no se asusten. Pongan buena cara, y así van ensayando la cara de Erasmus que les será utilísima en un futuro no muy lejano, y luchen contra el gigante de las administraciones, que aunque pueda parecer que defiende a la princesa con foso, castillo y dragón, acaba cediendo como en los buenos cuentos. Cojan la espada y a por él.

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