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Anticolinérgicos: desde la Antigüedad hasta nuestros días

  • 09 Mayo 2013
  • M.ª Pilar Alcover Marco
Los anticolinérgicos, también llamados antiespasmódicos o antimuscarínicos, son fármacos que bloquean los receptores muscarínicos de la acetilcolina. Disminuyen las secreciones (salival, lacrimal, bronquial, de jugo gástrico, etc.), dilatan las pupilas del ojo (midriasis) y son broncodilatadores.

Eran conocidos ya en la Antigüedad. Hace unos 4.000 años, en Egipto, China e India se inhalaban vapores de plantas, ricas en atropina, escopolamina o hioscina, que actuaban como relajantes musculares entre otras propiedades.

La atropina se considera el fármaco anticolinérgico más antiguo de la historia de la Humanidad. Proviene del género «Atropa», que hace referencia a la diosa mitológica griega Parca Átropos, encargada de cortar el hilo de la existencia, nombre que fue instaurado por Linneo por los múltiples envenenamientos que era capaz de provocar.

La atropina se encuentra en la Atropa belladona, planta solanácea ya conocida por los romanos (las mujeres se aplicaban sobre la cara extractos de hojas de belladona para aumentar el tamaño de sus pupilas, y bien sabemos que Claudio fue envenenado con tintura de belladona añadida a un guiso de setas, su plato favorito) y los celtas, que la utilizaron para envenenar la cerveza que ofrecían a sus invasores daneses.

Los indios aspiraban el humo de la belladona como tratamiento de afecciones respiratorias, y la observación de esta práctica por los ingleses condujo en el siglo XIX a la introducción de esta planta para el tratamiento del asma. Así, el Codex fr. de 1904 describe «el cartón antiasmático» a base de belladona y estramonio en polvo, que se quemaba durante los accesos de asma. En 1833, el químico-farmacéutico alemán H.F Mein identificó en los extractos de belladona el principio activo que producía los efectos midriáticos, y posteriormente lo reafirmó el profesor P.Geiger y Hess. Los efectos farmacológicos de la atropina fueron estudiados en la segunda mitad del siglo XIX, pero no fue hasta la década de 1930 cuando se demostró que la actividad parasimpaticolítica de la atropina y de los otros alcaloides naturales se debían a sus efectos sobre los receptores colinérgicos.

En 1879-1885, Albert Landenburg estudio los principios activos de las solanáceas en la universidad de Kiel; aisló la hioscina, y demostró que químicamente era muy próxima a la atropina. También aisló la escopolamina de Datura stramonium L.

La escopolamina o hioscina es un narcótico y ejerce una acción midriática como la atropina, es paralizante del sistema nervioso central (SNC), y por ello muy utilizada en los tratamientos del Parkinson.

El escofedal o el estudral fueron especialidades farmacéuticas que pasaron a la historia, contenían escopolamina, eucodal y efetonina, y se usaron como anestésicos.

Durante la primera mitad del siglo XX, la belladona o el sulfato de atropina se utilizaban como anticolinérgicos en el tratamiento de la úlcera gastroduodenal y como antiespasmódicos. También se utilizaban cigarrillos con hojas de belladona o estramonio como antiasmáticos, por la acción broncodilatadora de la atropina. A partir de 1950, la droga y el fármaco fueron paulatinamente desplazados por los anticolinérgicos de síntesis.

Otras muchas plantas y setas venenosas contienen alcaloides con propiedades anticolinérgicas, como la Datura stramonium, conocida hace ya más de 4.000 años por los indios americanos del Sur de Tejas y descrita como planta alucinógena en el hinduismo ayurvédico. La datura contiene, además de atropina, hioscina y escopolamina. En dosis bajas la escopolamina es preventiva del mareo de los viajes.

El beleño negro (Hyosciamusniger), cuya tintura fue utilizada por Shakespeare para describir el asesinato de Gertrudis, la madre de Hamlet, contiene sobre todo hiosciamina y escopolamina.

La utilización clásica de los anticolinérgicos naturales y de síntesis en el control de la hiperacidez gástrica y tratamiento de la ulcera duodenal ha quedado relegada tras la introducción de los antagonistas H2 (ranitidina, famotidina) en la década de los ochenta, y posteriormente en la de los noventa con los inhibidores de la bomba de protones, como omeprazol y análogos.

El bromuro de ipratropio, desarrollado por la compañía farmacéutica alemana Boehringer Ingelheim (1976), y cuyo nombre hace referencia a su naturaleza de isopropil derivado de la atropina, produce broncodilatación por bloqueo de los receptores colinérgicos muscarínicos del músculo liso bronquial; en otras palabras, ejerce un efecto antagónico del sistema parasimpático de los receptores M1, M2 y M3. Administrado de forma inhalatoria, ejerce una acción local sobre las vías respiratorias, provocando broncodilatación. Administrado de forma nasal es capaz de disminuir la secreción y producir vasoconstricción local. Tienen pocas reacciones adversas, el inicio de acción es lento, máximo a los 30-60 minutos, y puede durar 8 horas con una dosis de 40-80 mg/día.

Recientemente, se ha introducido para el tratamiento del asma bronquial un anticolinérgico de acción larga, el bromuro de tiotropio, amonio cuaternario éster de la escorpina, de eficacia parecida al ipratropio pero de acción sostenida. Es diez veces más potente que el ipatropio, protege contra la broncoconstricción mediada por la acetilcolina durante más de 24 horas, se disocia rápido de los M2, pero su efecto en M1 y M3 persiste hasta 32 horas; además, se absorbe muy poco, por lo que sus efectos secundarios son mínimos (en dosis altas produce sequedad de boca).

En los últimos veinte años, la inhalación de agonistas beta-2 ha sido usada con frecuencia en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Esta terapia de broncodilatadores es muy efectiva en pacientes con EPOC y con enfermedad hiperreactiva de las vías respiratorias, y su forma de inicio rápido la hace muy útil cuando se utiliza en pacientes con exacerbaciones agudas. Una de las razones para usar agonistas beta-2 en la EPOC es que casi todos los pacientes tienen un componente reversible en la obstrucción de las vías respiratorias. Esto se refleja en un aumento en el valor del volumen espiratorio máximo en el primer segundo de la espirometría forzada (FEV1) después de utilizar un broncodilatador inhalado. Un estudio mostró que en 985 pacientes con EPOC, en los cuales el asma era un criterio de exclusión, había un promedio de incremento del 15% sobre el valor inicial del FEV1 en términos de respuesta a la inhalación de un agonista beta-2. Esto correspondía a un incremento de aproximadamente el 5% en la predicción de su valor normal.

A pesar de estos hallazgos, los anticolinérgicos de tipo cuaternarios parecen ser muy eficientes en el tratamiento de la EPOC. Los inconvenientes del tratamiento por agonistas beta-2 son que, debido a su mecanismo agonista beta-2 y sus posibles efectos secundarios cardiacos, el uso de esta medicación puede estar limitado en pacientes de edad muy avanzada con EPOC y que el uso regular de un agonista beta-2 contribuye a la hiperreactividad de las vías respiratorias, aunque no está claro si eso está relacionado con el tratamiento por el aerosol o por la inflamación existente en las vías respiratorias.

No existen estudios que hayan asociado dos broncodilatadores de acción sostenida. Pero se ha estudiado la asociación de salmeterol y tiotropio a pacientes con EPOC para ver una posible mejora de la función pulmonar respecto a cuándo se administran aislados, y se llegó a la conclusión de que la asociación de salmeterol y tiotropio unidos a fluticasona en pacientes con EPOC de grado moderado-grave es más eficaz en términos de mejoría funcional respiratoria que cualquiera de los dos broncodilatadores dados de forma aislada.

Bibliografía

Bello, A. Mecanismo de acción del bromuro de ipatropio. Vademécum farmacológico-terapéutico, 1991.

Mendoza Patiño N. Anticolinérgicos. Farmacología Médica. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2008.

Raviña Rubira E. La atropina prototipo de fármaco anticolinérgico. Medicamentos: un viaje a lo largo de la evolución del descubrimiento de fármacos. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2008.

Información adicional

  • antetítulo: Historia de los medicamentos
  • autores: M.ª Pilar Alcover Marco
  • info-autores: 4.º Grado Farmacia. Universidad Cardenal Herrera CEU
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