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Mis personajes

22 Septiembre 2015 Deja el primer comentario!

En nuestro país caemos muchas veces en la figura que los romanos denominaban «damnatio memoriae», y que consiste en olvidar los hechos positivos de las personas ya fallecidas, de suerte que no quede ni memoria de ellas. Es la envidia carpetovetónica elevada a la enésima potencia, en esta piel de toro en la que vivimos. Hoy cumple hacer justicia a uno de los médicos, exiliados a causa de la guerra civil, que contribuyó en gran medida al auge de nuestra sanidad actual. Se trata de Juan Planelles Ripoll, nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) en abril de 1900, hijo de un médico militar destinado en esta ciudad en el Regimiento Villavicencio.

22 Mayo 2015 1 comentario

Conocí al profesor Mayor Zaragoza en el año 1968 en la Universidad de Granada, en donde se admiraba su carrera meteórica basada en su eficacia, valía y encanto personal, y sus grandes conocimientos científicos en el campo de la bioquímica.

Fernando Paredes Salido 20 Enero 2012 Deja el primer comentario!
«Con orgullo podemos decir que los primeros atisbos de una organización farmacéutica militar son españoles, y que la Farmacia Militar española se adelantó centurias a las organizaciones castrenses de otros países... En los Ejércitos españoles, la separación de la Medicina y la Farmacia se halla por vez primera en tiempo de la dinastía de los Beni-Omegas, que fue la que levantó los primeros cimientos de la Farmacia militar española». Son palabras del profesor Guillermo Folch Jou que resulta oportuno recordar al iniciar este artículo sobre Agustín José de Mestre.

Antecedentes

En la expedición de Colón ya iba en calidad de grumete de la nao Santa María Gómez Zuraccos, aprendiz de boticario que había sido condenado a galeras por haber preparado un medicamento que había ocasionado la muerte del paciente. Zuraccos supo granjearse la amistad del almirante por haberle librado en dos o tres ocasiones de molestos dolores de cabeza y de estómago. Así pues, se le puede considerar como el primer elaborador de medicamentos que pisó tierras americanas. En el segundo viaje aparece el boticario Bartolomé de Arellano. El boticario Diego Montes de Oca acompañó a Alonso de Ojeda en sus expediciones. En la Armada Invencible iban embarcados al menos dos boticarios y es famoso el maestre Jaime Pascual, boticario de la Corona de Aragón que pasó a Castilla para servir a los Reyes Católicos.

Felipe II organizó la Botica Real dotándola de unas ordenanzas en 1594 y los borbones asimilan el cargo de boticario mayor de la Real Casa con el cargo de boticario mayor de los Reales Ejércitos. Con Carlos IV, tras la destacada actuación de los boticarios en la Guerra del Rosellón, se les concede el fuero militar y el uso del uniforme y en 1796 se les hace extensivo a los farmacéuticos destinados en los hospitales de campaña, así como a los de los hospitales de Ceuta, Melilla, Alhucemas y Vélez de la Gomera. La Junta Superior Gubernativa de Farmacia consideraba la farmacia militar como una proyección de la civil para casos de conflicto bélico, pero con la invasión napoleónica crea el cargo de boticario mayor de los ejércitos, que habría de ser ejercido por uno de los boticarios de cámara de S.M. Tras él estaban los primeros boticarios y los primeros y segundos ayudantes de botica, así como los practicantes de farmacia. Cada división del ejército poseía un botiquín o farmacia móvil.

Farmacéutico castrense

Uno de los más destacados farmacéuticos castrenses fue Agustín José de Mestre y Rodríguez, nacido en Piedrahita (Ávila), en el seno de una familia modesta que pasó a Turégano al servicio del obispo de Segovia, quien tomó a Agustín bajo su patrocinio.

Sabemos que tras 4 años de estudios eclesiásticos, cuelga los hábitos y emprende los de farmacia, pasando el correspondiente examen ante el colegio de farmacéuticos. Hizo sus prácticas en la famosa botica de Reyes en Segovia y pudo conocer a Luis Proust, famoso químico francés, inventor de la ley de las proporciones definidas, quien, contratado por la corona española, impartía clase a los cadetes de Segovia.

Con posterioridad pasa a regentar la famosa farmacia del Monasterio del Escorial, en la que se preparaban las «quintas esencias» a las que aludía Juan del Castillo, autor de la primera Farmacopea gaditana de 1622, que fue a la sazón alumno de dicha botica.

En 1794 salió a concurso una plaza de boticario de cámara, que firmó a instancias de su amigo Antonio Ortega, que era catedrático de Historia Natural del Colegio de Farmacia de San Fernando. Obtuvo la plaza, fue nombrado primer boticario del Ejército de Galicia y, desoyendo las órdenes del gobierno de José Bonaparte, se pasó a la lucha en contra del invasor francés.

Estableció laboratorios farmacéuticos de producción de medicamentos en Pontevedra, San Vicente de la Barquera y Olivenza, muchas veces adelantando dinero propio ante la escasez de recursos. Tuvo una labor distinguida en Ciudad Rodrigo, ya que estando la ciudad sitiada pudo acercar, con peligro de su vida, medicamentos a los botiquines de vanguardia. Fue hecho prisionero en Reinosa y Ponferrada, y se evadió en ambos casos.

El 25 de abril de 1811 se le nombró profesor de la Junta Gubernativa de Farmacia y pasó a Cádiz, donde desempeñó, hasta 1813, con profesionalidad y celo, sus funciones, así como las de secretario del Tribunal Supremo de Salud Pública.

Las Cortes se reunieron en la Real Isla de León por primera vez el 24 de septiembre de 1810 y en esta ciudad permanecieron hasta febrero de 1811. La Isla de León fue el primer destino de otro distinguido farmacéutico militar, Antonio Bastús y Fayá, que pasó posteriormente al Ejército de Andalucía. Allí estuvo Mestre, bajo las órdenes de los generales Reding y Venegas, participando en las acciones de Villanueva de la Reina y Mengíbar, en las que hicieron huir a la caballería francesa y posteriormente, el 18 de julio, en la batalla de Bailén, en la que el ejército español venció a las tropas de Dupont.

En Cádiz, Agustín José de Mestre hizo, ante las Cortes del Reino, una exposición recogida en el periódico El Conciso (17 de noviembre de 1811), en la que se ponía de manifiesto que la Junta Superior de Farmacia se sentía agraviada, ya que al restablecerse el Tribunal del Protomedicato en Cádiz no se había contado con ningún farmacéutico en su seno, a lo que la Comisión de Justicia de las citadas Cortes contestó que se nombraran dos de estos profesionales, ya que dichas plazas ya estaban contempladas en las Ordenanzas de 1800 y de 1804.

Acabada la Guerra de la Independencia fue nombrado en propiedad vocal de la Junta Superior Gubernativa de la Facultad de Farmacia y en 1815 boticario mayor de los Reales Ejércitos. En enero de 1815 esta Junta Superior solicitó al rey la creación de los colegios de Farmacia de Barcelona, Santiago y Sevilla en los que se enseñara la profesión al igual que en el de Madrid, datando desde esa fecha el carácter reglado de las facultades de farmacia.

Durante el trienio liberal fue apartado de su cargo, pero regresó al mismo tras la restitución de Fernando VII, de quien consiguió en 1826 que los farmacéuticos de Madrid quedaran libres de pagar la contribución industrial y de comercio y en diciembre de 1830, que se aprobara el Reglamento del Real Cuerpo de Farmacia Militar.

Perteneció a la Real Academia Española de la Lengua, fue presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid y miembro de la Academia de Medicina y Cirugía.

Tras la muerte del monarca, en 1834, fue acusado de desafecto a Isabel II, muriendo en 1836, triste final para una de las personalidades que más consiguió para la farmacia militar española, separándola totalmente de la Farmacia Real. El mismo año de su fallecimiento se constituyó el Cuerpo de Sanidad Militar y se conservó la independencia de las facultades de Medicina y Farmacia.

Son claramente aleccionadoras unas palabras que pronunció en su discurso de toma de posesión como presidente del Colegio de Madrid: «Los progresos de los establecimientos, sean de la naturaleza que quieran, dependen exclusivamente del espíritu de unión de los individuos que los componen».

En 2010 se cumplió el cincuentenario de su muerte 09 Junio 2011 Deja el primer comentario!
Se cumplió en 2010 el cincuentenario de la muerte de Gregorio Marañón, hombre de personalidad polifacética, que logró aunar en su persona entre otras virtudes ser un eminente médico y un gran historiador, así como un magnífico escritor y pensador, pero sobre todo la de ser un español preocupado por su patria. Un «artista de sí mismo», como afirmó Pedro Laín Entralgo, en el que «el biólogo historiador se ha convertido definitivamente en historiador biólogo».

En el último número de la revista...

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