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¿Se adaptan los planes de estudios de Farmacia a las necesidades de la profesión?

J_EstevaUna cuestión delicada

Juan Esteva de Sagrera

Decano de la Facultad Farmacia de la Universidad de Barcelona

 

Cuando acepté responder a la pregunta de si los estudios de farmacia satisfacen las necesidades profesionales, decidí consultar a varios farmacéuticos, la mayoría de oficina de farmacia, pero también de la industria y de los hospitales. Todos coincidieron en que la universidad no forma adecuadamente a los farmacéuticos. Les pregunté qué materias echaban de menos. Según todos faltaba farmacología, que hace años está incluida en los planes de estudio. Otro dijo que faltaba gestión, que también se imparte. Otro fue partidario de un trabajo fin de grado. Le dije que era obligatorio en todos los planes de estudio y se sorprendió mucho. Una farmacéutica se declaró partidaria de que los estudiantes pudieran hacer prácticas en las empresas y me miró incrédula cuando le dije que ya lo hacían. Otra sostuvo que las prácticas tuteladas debieran poder hacerse en la industria farmacéutica. Le respondí que lo prohíbe la directiva comunitaria. La más disconforme dijo que los estudiantes debieran entrar en contacto con el mundo profesional y no pareció creerme cuando le dije que cursan obligatoriamente las prácticas tuteladas, seis meses a horario completo en una farmacia comunitaria u hospitalaria. Otra reclamó más prácticas, asignaturas optativas y orientaciones para que no todos los estudiantes siguieran el mismo currículo. Le dije, para su sorpresa, que eso es exactamente lo que se hacía. Pese a ello todos se despidieron reafirmándose en que la universidad debía ponerse al día.

Antes de que se fuesen les pregunté si el grado debía tener una orientación asistencial, industrial o mixta y me dijeron que mixta, pero sin olvidar otras salidas profesionales, que debían conservarse. Les pregunté cuáles eran. La lista fue larga: nutrición, análisis clínicos, óptica, formulación magistral, dermofarmacia, productos sanitarios, plantas medicinales, homeopatía, ortopedia. Quise saber si en su opinión la facultad también debía investigar, contribuir al avance de las ciencias farmacéuticas y realizar innovación, desarrollo y transferencia. Sí, dijeron todos, la universidad también debe realizar todo eso, y yo me quedé pensando que con sus respuestas configuraban un plan de estudios que es precisamente el existente, que recoge, como no puede ser de otro modo, las características y las contradicciones de la universidad y de la profesión farmacéutica.

Al día siguiente me llamó por teléfono una de las farmacéuticas para decirme que los estudios debían decantarse hacia la farmacia asistencial y la atención farmacéutica y abandonar todos los otros ámbitos. Le hice ver que eso era tanto como perder la industria farmacéutica, pero me replicó que no había otra opción. Entonces le pregunté si en su farmacia tenía organizado un servicio de atención farmacéutica. Me dijo que no, pero que en el futuro quizá lo haría. Le hice otra pregunta: si lo que se hace aquí y ahora, en el conjunto de las farmacias españolas, justifica la existencia de unas enseñanzas universitarias del máximo nivel. Me dijo que no lo sabía, pero que esperaba que sí. De modo que me fui a hablar con algunos profesores de mi facultad y les pregunté qué servicios les habían ofrecido en las farmacias. Me dijeron que entregarles correctamente el medicamento y cobrárselo, y que también habían recibido consejos farmacéuticos sobre pequeñas dolencias y sobre el uso de medicamentos. El décimo profesor era yo y coincidí con ellos, de modo que espero haber respondido a la delicada cuestión de si las facultades forman como es debido a los farmacéuticos.

 

R_De_BurgosDe palabras y evolución

Ramón de Burgos Pol

Evaluador de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía. Área de Centros y Unidades

 

Créditos, asignaturas troncales, optativas, libre configuración, Erasmus, prácticas, nuevo plan de estudios, etc. En fin, lo primero que me viene a la cabeza al respecto son palabras que prácticamente eran el eje central de mi vida y puede que en algún sentido la de mis padres. Eran mi presente y futuro. Solo preocupaba el siguiente examen, primero aprobar y luego hacerlo con la mejor nota posible. Lo cierto es que esta fórmula no funcionaba nada bien. De hecho, hubo un tiempo en que me perdí por el camino. Desde la distancia con la que lo observo ahora, tengo la sensación de que en ese laberinto de asignaturas estaban la salida norte de trabajar en una oficina de farmacia, la sur de hacer FIR (para lo cual tenías que pasar casi obligatoriamente por una academia si querías tener una mínima garantía de éxito) y luego la de aquellos que eran seleccionados para formar parte de un departamento. No sé si alguna vez escuché hablar de las posibilidades que te brinda la industria farmacéutica. Ahora creo que simplemente no estaba bien indicado hacia donde iba todo eso.

Estudiar una carrera universitaria es una decisión que debe marcarte de alguna u otra forma la vida. Es necesario tener una visión muy nítida de las cosas para visualizar el objeto de nuestro trabajo. Esto se traduce en saber cómo funcionan los sistemas sanitarios, la industria farmacéutica, las salidas reales que esta tiene y, por supuesto, un enfoque centrado en el paciente, cuya salud al fin y al cabo es el objetivo último al que se dirigen nuestras acciones profesionales. Yo no tuve la oportunidad de familiarizarme lo suficiente con ellas durante la carrera.

Para este artículo he echado un vistazo a los distintos planes de estudio actuales en las universidades donde he cursado mi carrera: en España y la universidad donde hice el Erasmus y otra de Estados Unidos donde me hubiera gustado cursar algunas asignaturas (Collegue of Pharmacy, Universidad de Minnesota). Me sorprende seguir encontrando muchas más diferencias de las que esperaba en un principio. Conceptos como medicina basada en la evidencia, toma de decisiones en salud, gestión clínica, farmacoeconomía, significación e inferencia estadística, seguridad del medicamento, atención farmacéutica... deberían estar integrados en el lenguaje de cualquier estudiante que obtuviera el grado después de años de estudio. Otro asunto fundamental es el inglés, cuya falta de dominio es un factor limitante a la hora de buscar trabajo.

Pero sería injusto quedarme ahí. Recibí una formación buena, amplia y exigente. Veo con agrado que se evoluciona hacia conceptos como formación en competencias (habilidades, aptitudes y no solo transmisión de información). Es necesario caminar por ese sendero tanto ahora como en los próximos años para ser competitivo, eficaz y aportar las mejores soluciones en el menor tiempo posible, sea cual sea el contexto laboral donde se ejerza la profesión, desde la labor asistencial como farmacéutico de hospital, a la dispensación activa en una oficina de farmacia o a la hora de fijar precio a una nueva tecnología sanitaria que tu empresa quiera sacar al mercado. Solo hay que intentar cambiar una cosa: que un estudiante cambie las palabras que comenté en la primera línea de este artículo por las que se nos exigen ahora. Entonces sí que estarán los planes de estudio cubriendo las necesidades de la profesión.

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