Editorial

Una calma tensa como las que anteceden a la tormenta perfecta se detecta en el ambiente de este final de año. La sociedad española está expectante ante la llegada del paquete de medidas anticrisis con el que seguramente se inaugurará esta legislatura y, aunque el sector haya soportado ya diversos recortes, nada indica que esta vez tampoco vaya a salir indemne. No se trata simplemente de hacer predicciones sobre la dureza de las medidas y de dejarlo todo a la suerte. Debería evitarse a toda costa la parálisis atenazadora frente al desastre que se intuye, y aunque no tener un plan preparado con el suficiente tiempo y decisión es un grave problema, sólo existe una opción: ponerse manos a la obra.
El primer día de noviembre siempre ha estado bañado de una cierta tristeza, la tristeza del recuerdo de los que nos han dejado, de la lejanía de las alegrías de las vacaciones estivales y del amarillo de los crisantemos; es un día en que todo parece más gris, como el papel con el que la castañera de la esquina nos envuelve los frutos asados del otoño.
Los impagos de la factura farmacéutica por parte de la Administración van extendiéndose como una mancha de aceite sucio por todas las comunidades autónomas. No se trata ahora de intentar analizar los diferentes grados de incumplimiento y las diferencias de actitud del incumplidor, que las hay, ni la influencia de las diferentes situaciones electorales de cada comunidad, que existen. Ya habrá tiempo de hacerlo después de las elecciones del 20 de noviembre. Lo que ahora es fundamental es recalcar que lo que está sucediendo no es un problema de las farmacias –sí que lo es para las farmacias–, lo que sucede realmente es que las cuentas de nuestro país no son lo suficientemente solventes para cumplir una prestación pública a la que tienen derecho los ciudadanos.
Supe de Oliver Sacks cuando me enteré que la película Despertares, en la que se relata la utilización experimental de la L-Dopa para tratar a pacientes catatónicos sobrevivientes de la epidemia de encefalitis letárgica, era una recreación de un episodio de su carrera como neurólogo. Posteriormente, leí su libro sobre un músico que padece prosopagnosia, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, y aprendí placenteramente un poco sobre la complejidad de la relación entre la realidad y la percepción. No creo que estemos padeciendo una epidemia de prosopagnosia, pero algún que otro desajuste entre la realidad y la percepción sí que está afectando al sector. La historia económica reciente del sector es una sucesión de gráficas que dibujan una U detrás de otra. Estas gráficas han sido el fruto de la interacción de dos fuerzas, la del pagador de la factura de medicamentos que ha intentado e intenta su descenso aplicando medidas sobre los precios y sobre los márgenes y la que se contrapone soportada por el incremento de asegurados, por la cronificación de patologías, y por la acción de la industria que intenta su remonte aumentando la oferta de medicamentos. El sector de las farmacias se ha movido estos años en esta montaña rusa sin tener ninguna otra posibilidad que la de continuar en los raíles que otros han marcado. Muchas veces parece que la percepción de la realidad que tiene el sector no es la correcta y que estamos confundiendo una gráfica que dibuja claramente una L con una de esas U de tiempos pretéritos. Es evidente que la probabilidad de que estemos sufriendo los efectos de una epidemia es despreciable, por lo que supongo que el sector está bajo los efectos de esa reacción tan común en los humanos sanos mentalmente de negación de la realidad cuando ésta es difícil de digerir. La realidad es que sufrimos una insuficiencia crónica de recursos económicos destinados al catálogo actual de prestaciones sanitarias, que existe un descenso crítico de los ingresos de las arcas públicas, que las deudas son astronómicas y que las únicas partidas que van a crecer en los presupuestos son las destinadas a pagar intereses. No hay ningún atajo posible. El camino va a ser muy duro y el primer paso debe ser asumir la realidad y actuar en consecuencia. Cada eslabón de la cadena del sector del medicamento deberá reinventarse, buscar el papel más adecuado al nuevo escenario y deberá eliminar ineficiencias, repensar su rol para potenciar su aportación de valor y deberán esforzarse también en buscar sinergias que refuercen su colaboración más allá de la meramente formal. Nuestro sector es vital para la economía, para la vertebración de una sociedad más justa y equilibrada, genera trabajo y riqueza, está formado por profesionales preparados y por empresas con capacidad para innovar, tenemos muchas cartas en nuestras manos. ¡Juguémoslas!
El pasado 1 de septiembre iniciamos una nueva sección dedicada a las enfermedades raras y a los llamados «medicamentos huérfanos» y nos parece oportuno y necesario llamar la atención sobre ella, no vaya a ser que se quede «huérfana» de lectores.
El mercado del medicamento está sufriendo una transformación profunda. Seguramente nunca sabremos si por un impulso programado y sistemático de las políticas sanitarias o sencillamente como un efecto derivado de los recortes de precios reiterados utilizados como recurso de emergencia para cuadrar unas cuentas teñidas de rojo. Da lo mismo, el resultado es el mismo: el mercado del medicamento se está transformando en un mercado de commodities en el que lo único que importa es el precio. Pero mucho nos tememos que la respuesta a esta incógnita podría ser una demostración de la improvisación endémica de las políticas sanitarias que tantas veces hemos criticado. No nos corresponde a nosotros decantarnos por una o por otra respuesta. Ya lo harán nuestros lectores, que al fin y al cabo son los que tienen la capacidad de decidir el voto. Lo cierto es que el único hilo conductor que ha guiado las decisiones políticas tomadas estos últimos años que somos capaces de seguir ha sido la reiteración en el recorte de precios y de márgenes. ¿Dónde están la búsqueda de la eficienciaen la elección del tratamiento y los sistemas de incentivación para lograrlo, dónde un sistema de pago que prime a los profesionales sanitarios que participen con éxito en el logro de los objetivos, dónde está la financiación selectiva de medicamentos basada en su eficiencia, dónde está un sistema de financiación que module la demanda, dónde están las políticas de educación en el buen uso de los medicamentos, dónde están las políticas exigentes con la industria farmacéutica que sean capaces de primar y fortalecer a los que realmente aportan valor a la salud y a la economía del país? Ahora seguramente –una vez más– va a pesar más lo urgente que lo importante y lo urgente es poder pagar las facturas, aunque ni eso algunos pueden. Es cierto que en estos momentos difíciles es atrevido hablar de políticas coherentes y de estrategias a medio o largo plazo, pero nuestra función también es esa, la de denunciar lo que no se ha hecho y la de insistir en que en algún momento se ha de empezar a hacer. El sector de la salud es una parte fundamental de la economía de cualquier país desarrollado y sus sistemas sanitarios herramientas poderosas de cohesión social, tal como entendemos aquí una sociedad civilizada. Dos razones de peso para que, aceptando como normal y necesario el debate entre partidos políticos, se llegue a un pacto del que deberían surgir lo que debería ser las líneas fundamentales del modelo sanitario español de los próximos años. ¿No se lo merecen las próximas generaciones?
06 Septiembre 2011 Deja el primer comentario!

Poco a poco se va construyendo un peligroso consenso político en torno a la idea de que el gasto en medicamentos en España es demasiado elevado y que no es compatible con las restricciones presupuestarias a las que nuestra economía está sometida y, mucho nos tememos, a las que continuará sometida. Nos atrevemos a tildar de peligroso ese consenso porque sospechamos que no está basado en ninguna evidencia sanitaria suficientemente sólida, sino en la facilidad de construir un discurso político rentable en votos. Descorazonador, pero cierto.

Hacer un análisis del coste de la factura de medicamentos financiados con dinero público es un ejercicio complejo que requiere un análisis riguroso de la realidad poliédrica del uso y del mercado de medicamentos. No parece que esta rigurosidad sea la característica diferencial de los argumentos que los partidos políticos están utilizando estos últimos meses.

La situación de las finanzas públicas no es holgada, por lo que es comprensible, incluso exigible, que los responsables de hacerlas viables busquen ajustarlas al máximo, pero los ajustes deberían ir más allá del simple recorte porque de lo que se trata es de cambiar el paradigma. La sostenibilidad global del sistema debería estar instalada en el centro de las decisiones políticas y desde hace demasiado tiempo parece que el centro de atención se limite a una factura farmacéutica ya muy maltrecha.

La infrafinanciación del sistema sanitario es una dolencia crónica que nadie hasta ahora ha querido tratar a fondo y para evitar el mal trago del tratamiento apropiado se opta por los paños calientes, pero las consecuencias de esta actitud complaciente durante los años de bonanza, aparecen en el presente con toda su crudeza y ahora, cuando llegan las vacas flacas, no sólo debe acometerse esta tarea sino que es preciso cubrir el déficit generado en estos años.

Es comprensible que vista la gravedad de la situación sea necesario realizar ajustes en todos los frentes, pero no comprendemos que el mensaje que constantemente llegue a la ciudadanía sea el que asocia despilfarro con medicamentos, esa manera de hacer política no tiene un recorrido largo, y una vez más se escoge el camino fácil sin valorar los efectos indeseables que provoca en un sector que siempre ha sido un motor de la economía.

Esta mala sensación es con la que nos quedamos después del último Consejo Interterritorial, otra oportunidad perdida, y van...

Después de una perjudicial y excesivamente larga fase de negación de la realidad, el país en su conjunto se ha dado cuenta, de golpe, que está inmerso en una situación de insuficiencia presupuestaria y con un nivel de endeudamiento preocupantes. En esta misma página, hace justamente un año a las puertas de un esperado verano, ya nos hacíamos eco del malestar y de la sorpresa del sector que estaba asistiendo a una cascada de medidas que afectaban tanto la facturación como el rendimiento de las farmacias.
No creemos que sea necesario ni que aporte nada escribir otro editorial sobre las dificultades por las que atraviesa el sector sanitario de nuestro país. Estamos convencidos de que ahora es preciso resaltar que, en estos días en los que algunas farmacias sufren concursos de acreedores, los ERE afectan a grandes industrias y a empresas de la distribución, el sector continúa aportando su trabajo y sus conocimientos en la mejora de la salud de los ciudadanos. Esa y no otra es su misión.
Los Premios Ediciones Mayo han llegado rejuvenecidos a su 24 edición y eso nos hace pensar que si bien la crisis cierra muchas puertas y esperanzas, también puede abrir otras gracias a aquellos que hacen su trabajo con excelencia. Es el caso de nuestros premiados, pues cada uno desde su terreno y especialidad viene avalado por trayectorias profesionales impecables. Leer más..
Es misión de la Universidad liderar y hacer posible todo cambio y preparar a los futuros profesionales para que den respuesta a las necesidades de la población, que es quien le encarga y delega este trabajo.
No nos parece exagerado asegurar que el sector de las oficinas de farmacia está inmerso en una situación económica hasta ahora desconocida. Al menos desconocida para la generación de farmacéuticos que en la actualidad y mayoritariamente está regentando las farmacias. Los farmacéuticos que en la actualidad tienen ente 35 y 55 años no han vivido hasta ahora una etapa de recesión económica del sector.
De todos es sabido que las apariencias engañan. Ahora parece que la sanidad catalana sea una máquina implacable de recortar. Mucho nos tememos que una vez más no es lo que parece. Lo que realmente sucede es que en Cataluña las elecciones ya se celebraron hace cuatro meses y ya no es preciso dulcificar la descripción de la gravedad de la situación.
En marzo iniciamos la publicación de El Farmacéutico Joven, nueva revista electrónica dirigida principalmente a los estudiantes de Farmacia y a los que inician su vida profesional, y en el mes transcurrido desde entonces hemos podido constatar que la sección que más interés ha despertado es la de «Salidas profesionales».
«Lo realmente peligroso es la capacidad de las CC AA de inventar medidas que afecten al mercado farmacéutico... lo que importa ahora es aguantar hasta la elecciones del 2012... los recortes de precios y márgenes de la farmacia –por cierto, impulsadas desde los sucesivos Gobiernos del Estado– están llevando al sector hacia un futuro insostenible... las organizaciones de representación del sector corren el riesgo de ser desmanteladas... la capilaridad del modelo farmacéutico es uno de sus pilares fundamentales, pero no encontramos el cemento adecuado para reforzar las grietas que lo amenazan... el modelo actual de retribución en el actual escenario de precios no es capaz de generar expectativas de futuro positivas... las farmacias estamos atrapadas en una pinza, por un lado nos aprietan los precios de derribo de los medicamentos comunes y por el otro nos atenaza el peligro de quedarnos sin los medicamentos que requieren más aporte de valor que van hacia la farmacia hospitalaria...ni los equipamientos de las farmacias ni las plantillas actuales pueden asumir servicios más allá de la dispensación...»

Aunque entrecomilladas, no son frases sacadas de ninguna declaración, ni de ningún estudio publicado, pero pueden ser perfectamente frases construidas a partir de multitud de conversaciones entre farmacéuticos que están inquietos por su futuro, que revelan claramente cuales son sus preocupaciones y donde se encuentran sus intereses. Pero que también demuestran la avalancha de amenazas que ven asomar por el horizonte y que urgentemente deben intentar desactivar.

Sin embargo, a menudo se corre el riesgo de creer que lo urgente es lo importante, lo que proporciona una buena excusa para esquivar la reflexión y el debate sobre los eternos temas. Posiblemente es comprensible, pero no por ello debería ser aconsejable, tener pereza de replantear, una vez más las viejas –no por eso desechables– preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde queremos ir?

Dedicar algún tiempo y alguna energía, aunque parezca pasado de moda, en intentar responderlas no debería desdeñarse.

Puede parecer más propio, más moderno, más acorde con los tiempos que corren, reflexionar sobre nuestro futuro en un mundo global o sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el mercado de la farmacia, o sobre las nuevas técnicas de fidelización de clientes, o cómo puede aumentar nuestros ratios de rentabilidad la robotización de la farmacia, pero lo cierto es que lo cortés no quita lo valiente y como nos dice Raimon: «Quien pierde los orígenes pierde la identidad», y sin identidad no existe otro futuro que una lenta disolución en el inmenso océano de lo que no tiene marca, en el marasmo de las «commodities». Allí donde lo único que importa es el precio. Y la experiencia nos dice que siempre existe alguien más barato.

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