Publicidad

banner-lainco

Un perro asoma la cabeza

Son malos tiempos para el racionalismo. No debiéramos alegrarnos de la derrota de la razón; ojalá alguna utopía concebida por el hombre se hubiese cumplido y el cristianismo, el socialismo o el racionalismo hubieran alcanzado sus objetivos. Sería mejor que asistir a la incertidumbre que genera la ausencia de un proyecto vertebrador, de una explicación coherente del hombre y de la sociedad, de un proceso que fuera desarrollándose paulatinamente y del que todos formáramos parte.

Cuando era niño, mis educadores me enseñaron que el hombre era un ser racional, el único de la Creación, y los profesores de religión sostenían que estábamos dotados de alma. Seres racionales que se guiaban por la conciencia de sí, reflexionaban los filósofos, y eso era lo que nos caracterizaba: los únicos animales dotados de conciencia y razón. Y lo decían en una época en la que la razón había sido recientemente borrada de Europa, sustituida por el mito, símbolos, emociones y pasiones. Auschwitz anulaba las definiciones de mis educadores. También la bomba atómica. Por mucho que nos esforzáramos, era difícil sostener que lo que nos diferenciaba del resto de animales eran la razón y la conciencia. El comunismo se postulaba como un movimiento científico destinado a imponerse precisamente por ello, mientras construía una sociedad irrespirable. He intentado explicar a unos jóvenes qué era eso de la dictadura del proletariado, el centralismo democrático y el socialismo científico, y no creían que les hablase en serio. Y sin embargo, la juventud, cuando yo era joven, consideraba racional ese proyecto que hizo implosión por sus propias contradicciones.

Y si no somos racionales, ¿qué somos? Supongo que personas guiadas por las emociones desde la infancia, unas emociones que los racionalistas abortaron en sí mismos con resultados desalentadores. Seres emotivos, con pasiones y deseos, movidos por los celos, el amor, la amistad, el odio, el afán de protección, la envidia, el narcisismo, la ansiedad, la necesidad de aprobación, de pertenecer a un grupo que nos dé cobijo. La razón, que prometió protegernos, nos desampara porque nos aboca al frío racionalismo que nos desconecta de los proyectos colectivos. Seres necesitados de símbolos, capaces de matar y morir por abstracciones, huérfanos capaces de lo mejor y lo peor al adherirnos a algo que dé sentido a nuestras vidas. Es difícil detectar el predominio de la razón en cuanto hoy protagonizamos, es muy fácil atisbar el imperio de las emociones, de la pasión, del discurso irracionalista omnipresente en la política de nuestro tiempo. Algunas personas de buena fe, que todavía creen en el discurso oficial construido por el progresismo, asisten estupefactas al auge de la xenofobia, la intolerancia, la ultraderecha, el populismo y el nacionalismo, y no tienen respuesta para cuanto está sucediendo: el hundimiento de la socialdemocracia, un proyecto racionalista, sustituida por una política dominada por pasiones, símbolos e instintos.

Desde la cuna a la tumba, el hombre llora, exige, se emociona y deprime, ama y odia, desfila con los suyos y desprecia a los otros, hace ondear al viento las banderas de aquello en lo que se ha refugiado para no caer en el desamparo, se refugia en su tribu. Haríamos bien en dejar de pretender que el comportamiento del hombre es racional y en analizarlo como un conjunto de emociones, símbolos y pasiones. Goya tenía razón: los sueños de la razón engendran monstruos. Él, un ilustrado, asistió a los desastres de la guerra, a los caprichos de la humanidad, a sus disparates, y acabó creando las pinturas negras de la quinta del sordo, la muda negación del racionalismo en el que un día creyó. Hay más realidad en esa desoladora pintura en la que un perro asoma su cabeza de perfil que en los sueños de la razón que, durante mucho tiempo y contra toda certeza, nos han guiado. No creo que sea una buena noticia. Ojalá hubiese otras.

Valorar este artículo
(1 Votar)

Dejar un comentario

En el último número de la revista...

Los cajones olvidados, como la memoria, van acumulando polvo. La memoria va superponiendo estratos, uno encima de otro. Pero incluso los más antiguos siguen allí. A veces por olvido, y ...

«Toda noche, por larga y sombría que parezca, tiene su amanecer»
Macbeth

...

Margarita López-Acosta piensa que se debe seguir trabajando para lograr que exista «un balance de género real que permita que cualquier persona, sea hombre o mujer, pueda desarro ...

Ana Teresa Jódar Pereña se licenció en Farmacia por la Universidad de Salamanca y en la Isabel I de Burgos en Nutrición. Posee un máster en atención farmac& ...

Las infecciones no complicadas de las vías urinarias (cistitis) constituyen, después de las respiratorias, el segundo grupo en importancia de infecciones extrahospitalarias, y son una ...

¿Has oído hablar alguna vez de la relación entre el cerebro y el intestino? Existe un vínculo entre ambos: la microbiota o flora intestinal1. La microbiota se ...

Nuestra microbiota
La microbiota autóctona es esencial para los seres vivos. La relación que mantenemos con ella es habitual ...

En la serie de tres artículos que se inicia con el presente repasaremos numerosos aspectos relacionados con el volumen de existencias obrantes e ...

«Consulta de gestión patrimonial» es una sección dedicada a contestar preguntas que el farmacéutico se plantea diariamente sobre la gestión de su patrimonio.< ...

La versatilidad de un vino a veces es muy difícil de encontrar. Entendemos esta versatilidad como la capacidad del vino para combinar y maridar con un sinfín de platos y poder ser cons ...

Selección de las últimas novedades literarias.

...

Durante siglos, pensadores y políticos buscaron principios firmes y sólidos: la historia como una roca, el hombre como una esfera que se llenaba de contenidos que transmitía de ...

Cuando comienza a escribir estas líneas, el farmacéutico no sabe muy bien qué es lo que quiere contar. No es titular de una farmacia, no trabaja en un hospital ni en una f&aacut ...

 

Revista El Farmacéutico

El Farmacéutico

La revista El Farmacéutico y su web son un producto de Ediciones Mayo, S.A. dedicado a la formación e información de los profesionales farmacéuticos. Los contenidos de la revista y la web requieren de una formación especializada para su correcta interpretación. En ningún caso la información proporcionada por El Farmacéutico reemplazará la relación de los profesionales farmacéuticos con los pacientes.