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El advenimiento de la República según Josep Pla

Ha caído en mis manos la versión castellana, que desconocía, publicada por Alianza Editorial en 1986, de la obra de Josep Pla Madrid. L’adveniment de la República, que se publicó en catalán en 1933. Son 160 páginas sin desperdicio, que he leído de un tirón en una sola tarde.

Es el dietario escrito por Pla, enviado a Madrid para que comente el día a día de la República, de sus entusiasmos iniciales, sus promesas y fracasos. Pla adopta una postura irónica, distanciada, descreída, ante cuanto sucede a su alrededor. Lo sorprendente es que muchas de las personas con las que habla parecen también estar desconectadas, reticentes ante los sucesos políticos. Será que la gente sigue haciendo su vida incluso cuando las sociedades se ven convulsionadas y desgarradas. Por sus páginas desfilan Juan March, Romanones, Azaña, Maura, Alcalá Zamora, Lerroux, Macià, Companys, Largo Caballero y muchos otros, del 14 de abril de 1931 a mayo de 1932. Me pregunto qué escribiría ahora Pla si, desde Madrid, asistiese a los debates parlamentarios, a los enfrentamientos entre marianistas, podemitas, socialistas e independentistas. No creo que hoy pudiese expresarse con tanta libertad y sinceridad. La excesiva seriedad y trascendencia, la adhesión incondicional y sin reservas, los valores políticamente correctos, el buenismo, el progresismo oficial, impiden la libertad de pensamiento y sólo se escribe a favor del progreso, la democracia y los inagotables derechos ciudadanos. He oído a algún congresista definirse sin rubor como un soldado de su causa, y no se avergonzaba de ello. Y quienes no se apuntan al carro triunfal del progresismo no se caracterizan precisamente por su ingenio y lanzan sus aullidos siniestros desde la caverna.

Pla, educado y sin prejuicios, lanza una mirada irónica, sarcástica a veces, cínica en ocasiones, descreída siempre, y expone lo que ha visto y oído, complementándolo con observaciones y comentarios demoledores sobre la historia de una ilusión que acabó mal, como suelen hacerlo los procesos ilusorios. Leer este libro, ameno y brevísimo, es un soplo de aire fresco en el viciado y estéril debate político español actual. Me parece que no sólo ilumina sobre lo que sucedió en España en 1931 y 1932, que eso queda un poco lejos. También es un texto clave para entender lo que vino después, el odio y el enfrentamiento, la Guerra Civil, la dictadura, la transición, y cuanto hoy nos ocupa. Para mí es más provechoso leer los comentarios de Pla sobre la República que los artículos de opinión de nuestros columnistas y tertulianos sobre lo que hoy acontece.

Ni una sola página tiene desperdicio y la clarividencia se alía con un educado y cortés cinismo, lo que es bastante habitual en las personas muy, demasiado, inteligentes. Baste reproducir su comentario, del 8 de noviembre de 1931, sobre la supresión de la pena de muerte: «El Congreso acuerda suprimir la pena de muerte. Hay un instante de enternecimiento. Los humanitaritas se abrazan. No hay nadie capaz de recordar que esta supresión va a costar mucha más sangre que el mantenimiento de la pena, y que el humanitarismo ha causado, a lo largo de la historia, una cantidad de víctimas incontable, ingente. A estos diputados que han votado la supresión de la pena de muerte, ¡cuántos entierros les va a tocar presidir!». Pla cree que el liberalismo hará correr mucha sangre en España, que no será, como en Francia o Inglaterra, una doctrina inocua: «En este país de hambrientos, de onanistas y de perturbados, el liberalismo se le va a subir a la cabeza a la gente y la pureza utópica de la doctrina va a causar estragos». La inteligencia: un sagaz antídoto contra el entusiasmo desmedido.

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