Imprimir esta página

Exceso de oferta

Las sociedades contemporáneas se caracterizan por un exceso de oferta a todos los niveles, que no puede ser consumida ni procesada. No sólo se trata de bienes de consumo o de objetos más o menos superfluos, ya que sucede lo mismo en la economía, la política, la cultura, el arte, la pornografía y la delincuencia. Las sociedades posmodernas han liberado una cantidad tal de energía que ha desbordado todos los diques, y configura lo que hace años se llamaba «sociedad de consumo» y posteriormente el «mundo como supermercado», un espacio donde cada persona configura su propio perfil de consumidor, desde la religión a la política, pasando por la dieta, el deporte y los espectáculos.

Creo recordar que fue Huzinga, hace muchos años, quien afirmó que en una democracia de masas se extinguiría la calidad para ser sustituida por la cantidad, y que la cultura sería reemplazada por el espectáculo. El análisis, la conveniencia e incluso el necesario maquiavelismo en la política es sustituido por el gusto de las masas, lo que conduce directamente al populismo y a la proliferación de políticos aventureros, mediocres e irresponsables. Es una autopista hacia una sociedad frívola y sin referencias, en la que todos los puntos de vista se igualan y en la que todos consideran sus gustos y puntos de vista tan válidos como cualquier otro. «Así pienso yo», remacha el inconsecuente tras defender una majadería, y con eso deja el tema zanjado. No se trata pues de indagar dónde está la razón, sino de que cada uno la tiene, puesto que sostiene su criterio y eso le concede validez. Y si dos sostienen una necedad y la lucidez sólo tiene un defensor, se da la razón a los dos equivocados puesto que son mayoría.

El exceso de oferta satura los supermercados, las tiendas de electrodomésticos, las páginas web de pornografía, la oferta cultural, el arte contemporáneo... Las universidades lanzan al mercado anualmente miles de especialistas que nadie precisa, salvo la propia universidad para poder formarlos y justificar su existencia. Todas las profesiones están saturadas y el resultado es la desvalorización del trabajo y el refugio de la economía en la especulación. Acudes a un banco y te dicen que tu dinero no vale nada, que nada pueden darte por custodiarlo y que acaso te acaben cobrando si lo hacen. En situación análoga se encuentran muchos profesionales, a los que las empresas ofrecen contratos basura o les hacen trabajar gratis para formarlos y luego los reemplazan por el siguiente, y es así por el exceso que desvaloriza el valor del capital y del trabajo.

La sociedad actual no puede digerir el exceso de descontento, ira, protestas, reivindicaciones, programas y supuestas soluciones. Todo está desbordado, desde los museos a los hoteles, metros, aeropuertos, carreteras, bares y restaurantes. No hay signo mejor de esta situación que el drama de los sirios que se agolpan a las puertas de una sociedad herida por su propia opulencia, aterrada por el miedo a perder su bienestar y sus privilegios. Los sirios, que huyen del terror causado por la intervención occidental en su país, llegan a Europa cuando nadie los necesita, cuando incluso la oferta de solidaridad ha sido rebasada y es sustituida por la insensibilidad y el auge de la extrema derecha. Desbordada y atemorizada, nuestra sociedad se refugia en la búsqueda de una seguridad imposible. Incluso las medidas de seguridad son excesivas e inútiles, tanto como el número de terroristas dispuestos a suicidarse para vengarse de esa sociedad que los aparta y que no podría integrarlos aunque lo desease porque todo se ha saturado. Todo crece, no sé si progresa, porque el mantra progresista es un síntoma más de esa oferta desbordada que no puede ser procesada ni integrada en un proyecto concreto que vaya más allá de las palabras.

Valorar este artículo
(2 votos)
Juan Esteva de Sagrera

Decano de la Facultad de Farmacia de la Universitat de Barcelona

Lo último de Juan Esteva de Sagrera