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¿Es el cáncer eficiente?

Richard Ford, para algunos el mejor escritor americano vivo, publicó en 2014 (un año después en España) su cuarta entrega protagonizada por Frank Bascombe, protagonista de tres novelas anteriores: El periodista deportivo, El día de la Independencia y Acción de Gracias. La cuarta se titula Francamente, Frank, un conjunto de cuatro nouvelles a mitad de camino entre el relato corto y la novela. Frank, el protagonista, tiene 68 años, ha superado su cáncer de próstata, tiene a su exmujer ingresada en un hospital con Parkinson, recuerda la pérdida de su hijo y tiene unas relaciones no demasiado fluidas con sus hijos vivos. Se ha jubilado y asiste desde el interior a la devastación causada en la costa por el huracán Sandy, que ha derruido cantidad de inmuebles vendidos por él, entre ellas su propia casa antes de que se trasladase al interior.

Los años nos entregan a un Frank que ha perdido sus rasgos de candor, si alguna vez los tuvo, y que se muestra más sarcástico y cínico que de costumbre. Está preparándose para la muerte, y un toque mortecino y crepuscular tiñe sus reflexiones, poco optimistas aunque no desesperadas. Hay una aceptación de cuanto vendrá, y Frank sabe que no será nada bueno. Partidario de Obama, ofrece un retrato bastante oscuro y desalentado de la América actual y el libro sólo tiene un momento amable, cuando al final Frank, nacido en el sur, charla amigablemente con un hombre de color.

Frank deambula de un lado para otro, contempla las ruinas del huracán, visita al hombre a quien le vendió su casa, hoy en ruinas, va al hospital donde su ex mujer está ingresada por Parkinson, escucha las confidencias de una mujer, negra, que vivió anteriormente en su actual casa y que le cuenta el drama de cuanto allí sucedió, y finalmente visita sin el menor entusiasmo a Eddie, un antiguo conocido, moribundo, que insiste en verle para liberar su conciencia y abrumarlo con la confesión de que se acostó con la mujer de Frank cuando aún estaban casados. Rutinas poco estimulantes de viejos conocidos, de los que Frank se despide sin demasiado dolor.

Eddie, moribundo, antes de comunicarle la infidelidad cometida por su esposa, le dice a Frank que el cáncer es muy eficiente y sabe lo que hace, que está matándole a conciencia. Y sin embargo, cabe preguntarse sobre la exactitud de la opinión de Eddie. ¿Es el cáncer eficiente? Las células, reproduciéndose sin control, creciendo desmesuradamente, invadiéndolo todo, no se muestran precisamente inteligentes, sino más bien estúpidas en su entusiasmo porque destruyen al organismo en el que viven y por tanto se condenan ellas mismas a morir. Más eficiente sería mantener a Eddie enfermo, crónico, y devastarlo paulatinamente sin matarlo. Pero el cáncer no es inteligente ni eficiente, simplemente se rige por las leyes de la materia y del ser, que consisten en crecer, multiplicarse y reproducirse sin atenerse a las consecuencias. Ese crecimiento descontrolado es lo que algunos optimistas inaccesibles al desaliento siguen llamando, contra toda evidencia, progreso. Lo resumió Jehová en el Génesis, un texto plagado de sabiduría: «Y los bendijo Dios y les dijo: sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla». Creced, multiplicaos y, ése es el punto clave del mensaje, sojuzgad. Y quizá sólo en eso hemos obedecido, incluso las células cancerígenas.

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