Publicidad

banner-lainco

Jekyll, Hyde y el malestar en la cultura

El argumento de la novela de Stevenson es muy conocido, aunque más por algunas pésimas versiones cinematográficas que por haber leído la novela, que es una obra maestra psicológica, no un relato de terror, y mucho menos para niños.

El Dr. Jekyll es un hombre virtuoso pero que languidece y se aburre. Decide tener nuevas experiencias, ingiere una pócima y por la noche se transforma en Mr. Hyde, un ser brutal, sin moral, un monstruo que lleva a cabo crímenes abominables. La trama, tras la intriga inicial, conduce a la revelación de que el monstruoso Mr. Hyde no es otro que el recto Dr. Jekyll, quien desdobla su personalidad y se convierte en lo peor de sí mismo, en «el horror de mi otro yo».
Stevenson plantea la inevitabilidad de la aparición del bestial Mr. Hyde desde el mismo momento que el Dr. Jekyll adopta una actitud que le impide afrontar su otro yo. Ese otro Dr. Jekyll, negado por la sociedad y por el propio doctor, deberá convertirse en un monstruo, puesto que no se le permite integrarse en el conjunto de la personalidad de que forma parte. Condenado de antemano, despreciado, mostrará su peor faz, incompatible con las buenas costumbres preconizadas por el doctor, y se convertirá en un asesino que matará por el simple gusto de hacerlo.
Es Jekyll quien crea a Hyde y lo condena a encarnar lo peor de sí mismo al no aceptar que existe y que, aunque debe ser educado, tiene también derecho a ser tenido en cuenta. La sociedad victoriana negó todo lo que no era virtuoso según los criterios de la burguesía industrial. Jekyll toma una pócima y se convierte en Hyde, un Hyde cada vez más poderoso y enérgico, incluso de mayor tamaño, como si el Mal pesase más que el Bien. Jekyll se empequeñece ante el monstruo que anida en su interior, que primero aparece sólo cuando el doctor toma la pócima, pero que más tarde surge a su antojo, sin necesidad del elixir de la brutalidad, porque ya tiene personalidad propia, ha emergido del inconsciente y se impone al yo. Para volver al estado del Dr. Jekyll son necesarias dosis cada vez más elevadas de la sustancia transmutatoria. Desesperado, al doctor no le queda otra opción que el suicidio.
En el último capítulo, Jekyll, antes de suicidarse, explica por carta lo sucedido. Empieza reconociendo que, ya desde niño, quiso ofrecer una versión de sí mismo exageradamente virtuosa y noble, y que la ocultación de una parte de su personalidad fue consecuencia de las altas miras que se impuso, más que de los vicios de esa parte negada. Jekyll ha descubierto que cada hombre no es uno, sino como mínimo dos, uno y su doble. En su caso, uno resume toda la honorabilidad, mientras que el otro es una total rebelión frente a esa vida virtuosa y un poco insípida. Escindido, Jekyll concibe una idea peligrosa: aprovechar sus conocimientos científicos para vivir, por separado, ambas personalidades antagónicas. Jekyll es un alquimista a la inversa: ante el problema del Bien y del Mal, y de la aspiración a la perfección, el alquimista intenta superar la dualidad e ir más allá de los opuestos, alcanzar una unidad que los englobe a ambos. Jekyll opta por lo contrario: escindir aún más la personalidad, dar vida propia al Mal, implantar una dualidad definitiva. El resultado es que aparece el otro yo, el yo negado, y es más joven y vigoroso, incluso más feliz: «Y sin embargo, cuando vi reflejado ese feo ídolo en la luna del espejo, no sentí repugnancia, sino más bien una enorme alegría. Ése también era yo».
Abocado al suicidio como última y única solución, Jekyll muere y se lleva consigo a Mr. Hyde, su otro yo. Jekyll fracasa ante el problema central de su época, el malestar en la cultura descrito por Freud. Desde otra perspectiva, podría aplicársele el poema L del Tao: «El hombre que vive demasiado, muere antes».

Valorar este artículo
(1 Votar)

Artículos relacionados

  • Dejar un comentario

    En el último número de la revista...

    El siglo pasado parece lejos, ¿no? Y aún más en estos tiempos en que, aunque nos digan que nada ha cambiado en lo que se refiere a su medida, lo que realmente percibimos es que ...

    Carmen Peña finaliza esta entrevista con una frase que la retrata muy bien: «Yo creo –dice– que ese concepto de mirar al futuro, pero siempre con mucha información de ...

    Macarena Pérez no le robó el novio adolescente a su compañera de habitación en el colegio donde estudiaba, pero ese chico fue su primer contacto con su profesión a ...

    Se define la diarrea como cualquier variación significativa de las características de las deposiciones respecto al patrón habitual previo del paciente, tanto en lo que se refier ...

    El cabello es una de las señas más fuertes de la identidad de una persona y cuando éste es saludable es, además, un símbolo de juventud y vitalidad. En este sentid ...

    El ojo seco es una enfermedad crónica y compleja, en la que intervienen múltiples factores, que debe abarcarse desde distintos ángulos. Afecta a la superficie ocular, a la conju ...

    En el anterior artículo de esta serie (El Farmacéutico n.º 589, págs. 40-42) llamábamos la atención so ...

    «Consulta de gestión patrimonial» es una sección dedicada a contestar preguntas que el farmacéutico se plantea diariamente sobre la gestión de su patrimonio.< ...

    Aunque estamos muy acostumbrados a la Rioja española, en el mundo del vino existe la que muchos llaman la «otra» Rioja. La provincia de La Rioja se encuentra en el noroeste de Arg ...

    Selección de las últimas novedades literarias.

    ...

    Este oxímoron surgido durante la pandemia nos trae de cabeza a todos los habitantes del planeta. A los farmacéuticos también, por supuesto, porque nada hay más desconcert ...

    Las epidemias nos han acompañado a lo largo de la historia. Si nos ceñimos al siglo XIX, 6 pandemias en sucesión acabaron con la vida de millones de personas en los cinco contin ...

     

    Revista El Farmacéutico

    El Farmacéutico

    La revista El Farmacéutico y su web son un producto de Ediciones Mayo, S.A. dedicado a la formación e información de los profesionales farmacéuticos. Los contenidos de la revista y la web requieren de una formación especializada para su correcta interpretación. En ningún caso la información proporcionada por El Farmacéutico reemplazará la relación de los profesionales farmacéuticos con los pacientes.