Construir desde el buen uso del medicamento

Los datos son bien conocidos. La mitad de los pacientes crónicos en España no toman sus medicamentos de la forma adecuada. La realidad parece clara. Las razones, no tanto. Olvidos, duración de los tratamientos, conocimiento de las enfermedades por parte del paciente, coordinación entre niveles asistenciales, problemas psicológicos...

La relación con el medicamento es paradójica: por un lado, uno sabe que lo necesita, que le está curando, incluso salvándole la vida. Por otro, es un recordatorio constante de que uno está enfermo. Amor y odio. Necesidad y rechazo. Y es probable que, en el caso de España, se sume a esto cierta cultura frívola con respecto al uso del medicamento.

Sea como fuere, los números son obstinados. Según cifras de una encuesta encargada por Farmaindustria, sólo el 49,9% de los pacientes crónicos cumple bien su tratamiento, y la cifra asciende hasta el 71,2% en el caso de pacientes menores de 45 años. Un problema en toda regla: sanitario (afecta a la calidad de la prestación), económico (provoca aumento de consultas, hospitalizaciones y pruebas complementarias, y por tanto pérdida de eficiencia y mayor gasto), y social (implica pérdida de calidad de vida y costes de todo tipo por la falta de control de una enfermedad).

Y es, sobre todo, un problema de salud y, de nuevo, paradójico: un paciente bien diagnosticado y con un medicamento disponible para tratar su enfermedad no está beneficiándose de una tecnología que, bien utilizada, estaría curándolo o ayudándolo a controlar su patología.

Desde luego, en la industria farmacéutica este problema preocupa. Primero, porque es la razón de ser de los laboratorios: una vez desarrollado un medicamento, contribuir a que llegue a quienes se puedan beneficiar de él. Y, segundo, porque el uso adecuado del fármaco está en la base de cualquier debate relacionado: sostenibilidad, precios, eficiencia... ¿Cómo hablar de la sostenibilidad del sistema sanitario desde el punto de vista de la inversión en medicamentos si no se apuntala el buen uso de éstos? ¿Cómo analizar el valor del medicamento si éste no llega a quien debe y se utiliza como se debe? ¿Cómo evaluar la eficiencia del sistema sanitario sin conocer con claridad las aportaciones sanitarias, económicas, sociales y en salud del medicamento?

El futuro de los sistemas sanitarios pasa por la evaluación de los resultados en salud. Para la industria farmacéutica innovadora esto está muy claro. Implicará una transformación en profundidad por la vía del conocimiento y la eficiencia, y será la base sobre la que plantear la financiación y la sostenibilidad.

En el caso del medicamento, será fundamental trasladar a la comunidad los resultados obtenidos en los ensayos clínicos, y eso, claro, necesita de una estrategia sólida orientada a mejorar el uso de los fármacos. El Plan de Adherencia al Tratamiento (Uso adecuado del medicamento), elaborado a lo largo de un año de trabajo por sociedades científicas médicas, farmacéuticas y de enfermería y por las grandes organizaciones de pacientes, con el apoyo de Farmaindustria, no sólo constató la seriedad y complejidad del problema en España, sino que identificó la necesidad de un abordaje transversal (desde los gestores a los pacientes, pasando por todos los niveles asistenciales) y sostenido en el tiempo para lograr resultados.

Es un reto real y estructural que ha de abordarse con celeridad y desde la colaboración. Todo lo que no sea hacerlo así será un error, y cualquier debate sobre el futuro del sistema sanitario y el cuidado de la salud será sesgado e inútil.

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Francisco J. Fernández

Director de Comunicación de Farmaindustria

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