La prevención, suprema prioridad

  • 26 Julio 2016
  • Federico Mayor Zaragoza

«Saber para prever, prever para prevenir»

Todo el arco profesional farmacéutico (dispensación, investigación, análisis clínicos…) gira alrededor del conocimiento para «aliviar o evitar el sufrimiento humano», en acción conjunta con los profesionales cuya alta función (misión en este caso) es mantener la salud, el bien más preciado del misterio, quizá milagro, de la existencia humana.

Cooperar para lograr que todos los seres humanos puedan ejercer plenamente su derecho esencial: una vida digna. La dignidad es el artículo 1.º de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (año 2000) que, por la manifiesta insolidaridad y drástica reducción de los fondos destinados a la ayuda al desarrollo en los países de origen, la Unión Europea (monetaria) parece no haber tenido en cuenta en absoluto.

Sí: prevenir, mejor que curar. Es muy importante fomentar la cultura de la prevención, haciendo pleno uso de una de las cualidades distintivas de la especie humana: la anticipación. La excelencia y rapidez de los métodos actuales de diagnóstico, unidos a los formidables progresos alcanzados en la introspección física (ecografía, tomografía computarizada, resonancia magnética, positrones…), permiten hoy diagnósticos precoces para tratar «a tiempo» (sobre todo en procesos potencialmente irreversibles) las disfunciones patológicas identificadas.

Progresivamente, gracias a una bien coordinada utilización de estas capacidades científicas y tecnológicas, nos acercamos a la «personalización» (cada persona es única) de la atención sanitaria. La comunicación digital permite hoy no sólo la revisión casi instantánea de los datos de cada paciente, sino el seguimiento permanente y a distancia.

El concepto de enfermedades «raras» o infrecuentes, en el marco de cifras estadísticas que poseen un exclusivo valor epidemiológico, está contribuyendo a dejar muy claro que estas afecciones, para quienes las padecen y sus familiares, representan el 100%. Por otra parte, el «determinismo» que se derivaba de una interpretación a la ligera de las características genómicas se ha desvanecido totalmente, por fortuna, con el conocimiento de la regulación epigenética y de la infinita diversidad, debiendo tener siempre en cuenta los «entornos», tanto internos como externos.

Alerta temprana para evitar. Evitar, palabra clave no sólo en relación con la salud personal, sino colectiva. Así, la Carta de las Naciones Unidas se inicia diciendo que es imperativo «evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra». Debemos ahora evitar legar a nuestros descendientes una Tierra «desvencijada», con una calidad de vida, de habitabilidad, deteriorada. Para ello, como decía José Luis Sampedro, debemos cambiar de «rumbo y nave».

En efecto, es inadmisible que cada día mueran de hambre miles de personas (los alimentos y el agua son los «medicamentos» básicos universales), la mayoría niñas y niños de 1 a 5 años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares tres mil millones de dólares. La prevención para «evitar el horror de la guerra» y el horror de la extrema pobreza y desamparo es, pues, la prioridad suprema.

A todas las escalas, pero en especial a escala humana, saber para prever, prever para prevenir. Ésta es la tarea principal de todos los que pueden contribuir, en un esfuerzo concertado, a la inflexión histórica de la fuerza a la palabra que se avecina.

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Federico Mayor Zaragoza

Doctor en Farmacia. Profesor de Bioquímica y Biología Molecular

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