Guillermo Reparaz de la Serna

Guillermo Reparaz de la Serna

Responsable de la Oficina Erasmus. Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 09 Febrero 2012 16:14 Deja el primer comentario!
Hace bien poco discutíamos ustedes y yo acerca de las ventajas de conseguir una beca Erasmus en una ciudad grande. Puede que estén pensando que se trata de una discusión con una sola dirección, pero no es cierto; les doy la oportunidad de comentarme y llevarme la contraria y no lo hacen, aunque eso ya es otra historia. Volviendo al hilo, más de dos millones de personas (2,3 millones de estudiantes han disfrutado del programa Erasmus desde su creación en 1987) se han hecho la misma pregunta que ustedes: ¿ciudad grande o pequeña? Como soy un poco chaquetero, hoy voy a defender la otra cara de la moneda, aunque más que la ciudad pequeña voy a tratar de venderles la ciudad universitaria. Los boticarios españoles sabemos mucho de esta especie, no en vano Santiago, Salamanca o Granada, todas ellas con facultad de Farmacia como ya saben, representan el paradigma de ciudad universitaria. En estas ciudades el porcentaje de estudiantes por habitante es altísimo; uno de cada cuatro habitantes de Granada es estudiante, uno de cada cinco en el caso de Salamanca, mientras que en Santiago, el asunto asciende hasta un tercio.

El estudiante europeo no es ajeno a esta condición. Por esta y otras razones, dos de las universidades antes comentadas, Salamanca y Granada, se encuentran entre las diez que más estudiantes Erasmus manejan. Granada es la ciudad Erasmus por excelencia, es la que más manda y la que más recibe. No admite discusión y ha sido premiada por ello y por la calidez con la que recibe a estudiantes, no solo europeos sino de todo el mundo. Aunque no lo parezca, mi intención no es venderles Granada como destino (aunque estén atentos a la beca Séneca), sino buscar las Granadas europeas, salvando las distancias y los bares de tapas.

 

Praga-Hradec Kralove (República Checa)

Los centros españoles copan siete de los diez primeros puestos de la clasificación de destinos; el resto son italianos. En el puesto decimotercero encontramos la Universidad Carolina (Karlova). Sé que Praga no es precisamente una ciudad pequeña, pero la Facultad de Farmacia no se encuentra en la misma Praga, sino en una pequeña localidad a unos cien kilómetros de ésta, de nombre impronunciable: Hradec-Kralove. Lean dos veces y sigamos adelante.

¿Bien? Sigamos. Hradec-Kralove no es Praga y lo sabe, y ha querido salvar las distancias, ofreciendo múltiples ventajas a los estudiantes que recibe. No en vano, aunque la gran mayoría de facultades de la universidad se encuentran en la capital, Hradec-Kralove alberga cuatro facultades, entre ellas, la nuestra(toda la información en inglés, aquí: http://www.faf.cuni.cz/en/erasmus/Pages/default.aspx).

La ESN, la organización de estudiantes Erasmus más importante, tiene planificado un exhaustivo calendario de actividades para estudiantes europeos. No quieren que se aburran y han montado desde fiestas hasta viajes (http://www.buddyhk.cz/). No hay día aburrido. Prácticamente en todas las webs de información para Erasmus, como en las propias de la universidad que citamos arriba, recomiendan las mismas residencias, de manera que conocer gente no será un problema. Como es una ciudad pequeña y hay mucho estudiante, es más que probable que al cuarto día vayan por Hradec-Kralove como va mi padre, antiguo médico del pueblo, por las calles de éste, saludando a todo el mundo. Todo está focalizado en los mismos bares, los mismos restaurantes y las mismas residencias. No tiene pérdida.

Por último, y no por ello menos importante, está el factor económico. En época de crisis, y teniendo en cuenta que el importe de la beca ha bajado casi un 10% de un año a otro, hay que mirar el bolsillo. La República Checa es, en general, un país más barato que España. Este hecho es aún más evidente fuera de la capital y nuestra querida Hradec-Kralove, cumple con esta norma. El alquiler puede rondar los 100 € al mes siendo generosos, la comida también es más barata y por supuesto el ocio. La cerveza es toda una religión allí, y para un sueldo español medio, un regalo.

 

Gante (Bélgica)

Otro gran ejemplo de ciudad universitaria, donde uno de cada cinco habitantes es estudiante, es Gante (lo siento, la rima es casual) que se encuentra en el puesto 45 de la clasificación antes citada(http://bit.ly/zrHoGs). Estarán pensando que ir el cuadragésimo quinto es una porquería, pero piensen que la clasificación la forman dos mil y pico universidades.

Gante, situado en la región belga de Flandes, fue un día español aunque de eso ya no van a encontrar ni rastro. La soberanía institucional española ha sido sustituida por una algo menos lustrosa: prácticamente un tercio de los estudiantes Erasmus que recibe Gante (unos 600 en total) son españoles. Pese a que en mi humilde opinión mezclarse con la cultura del país es parte del encanto de la beca, la ocupación española puede ayudarles a luchar contra la morriña, que suele atacar en los primeros días.

Gante está a medio camino entre Bruselas y Brujas, dos destinos imprescindibles en la estancia belga. Sin ser ni Venecia ni Amsterdam, tiene un canal que merece la pena surcar para disfrutar la amplia colección de edificios históricos que aún quedan en pie. Gracias a los estudiantes, la ciudad goza de una buena salud nocturna; abundan los locales de música, pero hay también muchos eventos para los Erasmus. Sí, otra vez guiados por la ESN (http://www.esngent.org/). Y no, no me pagan comisión.

Por su parte, la universidad no goza de la tradición casi milenaria de antiguas compañeras de viaje de estas líneas; fue fundada a principios del siglo XIX y ha ido multiplicando sus estudiantes hasta convertirse en un centro reconocido en todo el mundo. Hay que decir también, que no todas nuestras facultades tienen convenios con este centro: es sólo accesible para estudiantes de Barcelona, Santiago y Madrid (Universidad Complutense).

Cómo verán, últimamente abro muchas ventanas que pretendo seguir explicando; las grandes ciudades, las anécdotas, ahora las ciudades universitarias, y que pretendo que sean más sencillas de entender que poder poner una pica en Flandes.

Martes, 10 Enero 2012 16:34 Deja el primer comentario!

El nombre de la archiconocida beca universitaria motivo de nuestros encuentros mensuales viene en parte dado por ser el acrónimo de European Region Action Scheme for the Mobility of University Students, tal como les dije hace ya algunos meses, y por otro lado porque el término elegido se acopla mejor con orgasmo, y así les facilitan el jueguecito de palabras a todos su detractores, que no son pocos.

Lunes, 07 Noviembre 2011 09:46 Deja el primer comentario!
Existe un debate entre aquellos que se van a ir de Erasmus en torno al tamaño de la ciudad a elegir. Independientemente del país, el idioma y lo que vayan a cursar en su estancia europea, la primera pregunta que tienen que hacerse es: ¿Ciudad grande o ciudad pequeña?
Lunes, 26 Septiembre 2011 10:06 Deja el primer comentario!
Les tengo que confesar una cosa: soy un gran amante de los sueños. Tengo la teoría (y ya aprovecho para patentarla) de que no es capaz de soñar dormido el que no sabe hacerlo despierto. Resulta que el Erasmus se parece un poco a un sueño. Pasa por nosotros sin saber muy bien cómo, y al final quedan una serie de recuerdos casi siempre buenos que rememoramos y contamos una y otra vez. La única diferencia con los sueños de verdad es esa extraña condición espacio-temporal de los sueños (y que tanto me gusta también) gracias a la cual tan pronto estás con una gente en un lugar como pasas a otro distinto sin comerlo ni beberlo. El Erasmus se parece a un sueño, pero no es igual, de manera que las condiciones espacio-temporales se mantienen, pues no deja de ser un sueño que se vive despierto, así que que para llegar al sueño van a tener que elegir un medio de transporte. Entiendo que para muchos imaginarse el comienzo del Erasmus es ver a sus padres en la terminal quitándoles las legañas por última vez, pero vengo a defender y a explicar a esta tribuna las otras vías que tienen para llegar a sus destinos, y lo haré usando algunos ejemplos que me gustan. Descarten el zepelín, el globo y alguna antigualla más, y quédense con lo esencial: el tren, el coche y el avión.

 

El tren

Es posible que esto del tren les suene a muchos de ustedes a algo que está ya desfasado, pero, por ejemplo, los destinos del sur de Francia son muy accesibles en tren, sobre todo si viajan ustedes desde Barcelona o alguna otra ciudad del norte, e incluso desde Madrid, que cuenta con una línea prácticamente directa con algunos destinos de Francia desde la estación de Chamartín. Un claro ejemplo sería la ciudad francesa de Limoges, situada a unos quinientos kilómetros de la frontera con España. Durante muchos siglos la ciudad vivió fundamentalmente de su archiconocida porcelana, pero los cambios en la sociedad y en la industria la empujaron a un proceso de modernización, dentro del cual el proyecto más destacado fue su universidad, fundada en 1968. La ciudad tiene alrededor de 180.000 habitantes, de los que unos 17.000 son estudiantes (en torno al 10%). Cuenta con un centro histórico bellísimo, donde destacan la Catedral de San Estaban (que tardó casi 600 años en construirse) y el Mercado Central, cuyo diseño fue encargado a Gustave Eiffel (sí, el de la torre de París). Pese a ser una ciudad con poca tradición universitaria, al contrario de otras ciudades de las que les he hablado en ocasiones anteriores, hay que decir que según estudios del INSEE (el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos francés) Limoges es la primera ciudad francesa en cuanto a alojamiento (nos interesa), calidad y precios (nos interesa aún más), la segunda en calidad de vida (no nos viene mal) y la tercera en cuanto a la buena acogida de sus habitantes (nos viene que ni pintado). Pero no quiero mentirles: aunque Limoges tiene aeropuerto, los vuelos no son tan baratos como los que se ofertan para las grandes ciudades. Además, ya saben ustedes que el tren no implica esa obligatoria e infernal espera que le imponen a uno cuando viaja en avión. Tú llegas a la estación cinco minutos antes con tus cosas y te subes al tren tan tranquilamente. Por último, a los boticarios que salgan desde Santiago de Compostela les diré que Limoges para ellos no tiene pérdida, que sigan el Camino, pues la ciudad francesa forma parte de la vía Lemovicensis (de ahí su nombre: parte de Vézelay y pasa por Lemovicum, es decir, Limoges).

 

El coche

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a seguir hablándoles de Santiago de Compostela. A tan sólo 193 kilómetros al sur del final del Camino de Santiago, encontramos la ciudad portuguesa de Oporto. Es la segunda ciudad más grande de Portugal, su área metropolitana tiene más de un millón y medio de habitantes y está considerada la capital del norte portugués. Su eterna lucha con la capital, Lisboa, por ser el motor económico del país la ha convertido en la sede de muchas de las principales empresas portuguesas. Históricamente su riqueza se basó en las materias obtenidas en el valle del Duero, que baña la ciudad, pero su verdadero impulso económico se produjo con la comercialización del vino que lleva su nombre. El centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y destaca por los numerosos puentes que cruzan el Duero y que datan de distintas épocas (por cierto, el artífice de la torre Eiffel también diseñó uno de ellos, el Maria Pia). Oporto posee además la universidad más antigua de Portugal. Aparte de explicarles que si nos vamos de Erasmus a Portugal lo podemos hacer en coche, cosa que creo que tienen claro, aunque desde Madrid y Barcelona existan vuelos con esa compañía de bajo coste de cuyo nombre no quiero acordarme, me gustaría también romper una lanza a favor de nuestros vecinos. Existen bastantes prejuicios respecto al irse de Erasmus a Portugal: que si el país está muy cerca, que si el portugués no sirve para nada, que si sus universidades no tienen prestigio. Pues olviden todo eso: es mentira. Bueno, sí, está muy cerca, sobre todo de facultades como la de Santiago de Compostela o la de Salamanca (250 kilómetros), pero lo importante de este viaje no es lo lejos que estés de casa, sino lo que aprendes a recorrer, y eso no se mide en kilómetros. Además, las instituciones portuguesas son mucho más exigentes que otras vecinas nuestras, y exigen a los estudiantes Erasmus lo mismo que a uno local. Y qué decir del portugués. Hablar idiomas siempre suma, y el portugués es el quinto idioma más hablado del mundo, sólo por detrás del inglés (que, si no lo hablan ya, al menos lo entienden), el español (que manejan), el chino y el hindú. Además, un mercado muy importante en el futuro, el que ofrece Brasil, dentro de los años que les quedan para acabar la carrera será ya una realidad. Así que no lo duden: cojan su coche, afinen su portuñol y rumbo a Oporto.

 

El avión

Pese a todo el bombo que voy a intentar darle a otros medios de transporte, una gran mayoría de ustedes elegirá el avión para llegar a su universidad de acogida. En primer lugar, es el medio más rápido, y eso se valora mucho entre el gran público, sobre todo si sus sueños, o sea su Erasmus, va a tener lugar muy lejos de su casa. Viajar siempre cansa, pero más aún cuando hay que tirarse largas horas conduciendo o sintiendo el incómodo traqueteo de las vías del tren. Pero el avión tiene también algunas desventajas. En primer lugar las esperas, siempre largas y tediosas en esos fríos y mastodónticos edificios que son los aeropuertos. Además, existen limitaciones en el equipaje, que varían según la compañía. No es menos cierto que durante los últimos años, coincidiendo con el crecimiento del programa Erasmus, se ha producido un incremento en los servicio de mensajería que mandan paquetes al extranjero a precios competitivos (que les metan siempre jamón en esos paquetes, háganme caso). Por último, les aconsejo que valoren que no a todos los destinos se llega con igual facilidad. No todo son Romas y Parises a los que se llega por cuatro duros desde cualquier punto de España. Hay ciudades mal comunicadas, o simplemente sin vuelo directo desde aquí. Estúdienlo bien, que igual es el adusto ferrocarril el que les salva en más de una ocasión.

¿Han decidido ya? ¿Saben cómo llegar hasta su sueño? Se da la paradoja de que el final de ese viaje es el principio de uno mucho más largo y agradable. Y ahora sí: ya pueden (y lo harán) empezar a disfrutar de su sueño. No se preocupen, que esta vez no va a poder despertarles nadie.

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