Francesc Pla Santamans

Francesc Pla Santamans

Farmacéutico comunitario. Director de El Farmacéutico

Miércoles, 21 Septiembre 2011 07:36 Deja el primer comentario!
Sé que esperáis (o no) a Matías, pero lo de este agosto obliga a un comentario especial, aunque en el fondo voy a contar lo mismo de siempre. Matías ha accedido a esperar un par de semanas.
Miércoles, 21 Septiembre 2011 07:22 Deja el primer comentario!
El mercado del medicamento está sufriendo una transformación profunda. Seguramente nunca sabremos si por un impulso programado y sistemático de las políticas sanitarias o sencillamente como un efecto derivado de los recortes de precios reiterados utilizados como recurso de emergencia para cuadrar unas cuentas teñidas de rojo. Da lo mismo, el resultado es el mismo: el mercado del medicamento se está transformando en un mercado de commodities en el que lo único que importa es el precio. Pero mucho nos tememos que la respuesta a esta incógnita podría ser una demostración de la improvisación endémica de las políticas sanitarias que tantas veces hemos criticado. No nos corresponde a nosotros decantarnos por una o por otra respuesta. Ya lo harán nuestros lectores, que al fin y al cabo son los que tienen la capacidad de decidir el voto. Lo cierto es que el único hilo conductor que ha guiado las decisiones políticas tomadas estos últimos años que somos capaces de seguir ha sido la reiteración en el recorte de precios y de márgenes. ¿Dónde están la búsqueda de la eficienciaen la elección del tratamiento y los sistemas de incentivación para lograrlo, dónde un sistema de pago que prime a los profesionales sanitarios que participen con éxito en el logro de los objetivos, dónde está la financiación selectiva de medicamentos basada en su eficiencia, dónde está un sistema de financiación que module la demanda, dónde están las políticas de educación en el buen uso de los medicamentos, dónde están las políticas exigentes con la industria farmacéutica que sean capaces de primar y fortalecer a los que realmente aportan valor a la salud y a la economía del país? Ahora seguramente –una vez más– va a pesar más lo urgente que lo importante y lo urgente es poder pagar las facturas, aunque ni eso algunos pueden. Es cierto que en estos momentos difíciles es atrevido hablar de políticas coherentes y de estrategias a medio o largo plazo, pero nuestra función también es esa, la de denunciar lo que no se ha hecho y la de insistir en que en algún momento se ha de empezar a hacer. El sector de la salud es una parte fundamental de la economía de cualquier país desarrollado y sus sistemas sanitarios herramientas poderosas de cohesión social, tal como entendemos aquí una sociedad civilizada. Dos razones de peso para que, aceptando como normal y necesario el debate entre partidos políticos, se llegue a un pacto del que deberían surgir lo que debería ser las líneas fundamentales del modelo sanitario español de los próximos años. ¿No se lo merecen las próximas generaciones?
Martes, 06 Septiembre 2011 08:18 Deja el primer comentario!
Estoy a punto de abrir la puerta de hierro y cristal del portal de casa. Está cayendo un intenso chaparrón, pero el cielo está abierto sobre el Tibidabo. Faltan cinco minutos para las ocho y, como no trabajo los sábados a partir de la verbena de sant Joan, me he vestido con unas bermudas azules con ocho bolsillos, una camiseta de algodón ligero y viejo que lleva estampado un tipo sesteando en una hamaca y unas brasileñas en los pies. Por un momento, tengo la tentación de subir a cambiarme de vestimenta; el motivo de mis reparos son la lluvia y el encuentro con Matías Peñafiel Puertollano.
Jueves, 21 Julio 2011 09:13 Deja el primer comentario!
Siempre escribo en un ordenador portátil HP. Ya es un modelo un poco antiguo, pero no necesito más, en realidad me sobra y ya le tengo tomada la medida. Le he cogido un cierto cariño. El sonido tenue, muy tenue, al apretar las teclas es un sonido familiar e incluso los fallos del espaciador me gustan. Son esos pequeños defectos que me hacen sentir cómodo, como en casa. En casa, en mi rincón, mirando la calle, sin prisas, sin zapatos, me gusta escribir cómodo. Sólo me incomoda el rectángulo blanco dibujado en la pantalla de quince pulgadas.
Viernes, 08 Julio 2011 09:15 Deja el primer comentario!
Tengo la sensación de no tener casi nada que contar. Soy una piedra. Una sensación parecida a la que deben de tener, si se acercan a mí, los que esperan que les cuente algo, hoy soy más pétreo. Me siento como una escultura de esas que los antiguos artesanos acadios y jonios importaron desde Egipto a la Grecia hierática de los primeros tiempos. Nos las trajeron, a nuestra cuna, desde el país misterioso de las pirámides de Gizeh y las gigantescas esculturas del valle de los muertos donde aprendieron a encontrar el orden oculto dentro de las piedras. Quieto, callado, con la aspiración del orden eterno como único objetivo. ¿Desapareció esa civilización que aspiraba a dominar la muerte porque no pudo acabar dominando la confusión y la incertidumbre en la que estamos inmersos desde que nos expulsaron del paraíso?
Jueves, 09 Junio 2011 08:44 Deja el primer comentario!
Un Planeando son aproximadamente mil palabras. Son pocas palabras si las comparamos con las que vertemos al río de nuestras conversaciones a lo largo de un día, muchas más, en cambio, de las que son necesarias para redactar un buen titular de noticia, o una nota informativa concisa, de esas que pretenden ser eficientes. Estos días estoy embarullado dentro de una madeja de mil palabras.
Lunes, 30 Mayo 2011 13:27 Deja el primer comentario!
Algunos deben leer mis cosas en estos Planeandos. Algunos de esos, quizá recuerden algo de lo que han leído en mis artículos, al menos algo de lo que han leído algunos números atrás. Y de esos, existe la posibilidad de que unos cuantos se acuerden de que hace unos meses escribí sobre una historia en un taxi. Hoy también voy a escribir algo sobre taxis, por lo que corro el riesgo de que esos pocos piensen que los taxis son para mí un icono; una especie de tótem amarillo y negro; pero ni tengo una fijación, ni interés económico alguno en el sector del taxi, ni soy realmente un asiduo usuario. No sé muy bien la razón por la que voy a escribir este cuento. Que yo sepa nadie ha sido taxista en mi familia, ni tengo una especial devoción por los coches –me pirran las motos y los ferraris, pero esos no son coches, son sublimaciones de la ingeniería, una cosa muy distinta; algo más cercano al erotismo–, pero lo cierto es que el tiempo que dura una carrera es un buen momento para buscar ideas para un artículo. Al menos para mí. Y cada uno va buscándose la vida como puede.
Viernes, 06 Mayo 2011 10:55 Deja el primer comentario!
Cuando vienes del sur, como yo, y llegas a los Pirineos estás acostumbrado a que los ríos corran hacia el origen de tu viaje. Mirar la corriente como va saltando, con la viveza de las aguas frías del deshielo, las piedras del cauce, es como buscar una señal parecida a las migas de pan de Hansel y Gretel. Reconforta saber que esas aguas apuntan hacia casa. Una primitiva manera de acotar la geografía.
Lunes, 11 Abril 2011 11:28 Deja el primer comentario!
Sicilia es uno de esos lugares en los que me imagino que la verdad –mi verdad, eso que yo digo que es la verdad de verdad, la verdad que a mí me sirve para creer en la búsqueda de la verdad– se esconde dormida en un olivar. No sé el motivo de ese sueño, pero intuyo que ese pedazo de tierra seco, aromatizado por el recuerdo del olor a aceite antiguo guardado en viejas tinajas romanas es parte de mi otra historia, la historia de mis sueños.
Domingo, 27 Marzo 2011 16:39 Deja el primer comentario!
Hace días que, al llegar a casa, después de las nueve, me pongo las babuchas de rayas blancas y grises, me acomodo en el rincón del sofá en el que me siento cómodo porque ya he domesticado, me hago con el control del mando a distancia y me dedico a cambiar canales para intentar que alguna idea me ilumine. Tengo que escribir un artículo más y me he propuesto que la fuente de inspiración, esa frase, esa situación pintoresca que me sirva para elaborar alguna historia, nazca de la programación de la televisión.

Confío que en esa cascada incontrolada de programas, en esa verborrea de palabras e imágenes, algo encontraré. Los primeros diez días de búsqueda han resultado estériles y lo achaco a que el aparato no es de última generación, no es full HD y 3D. Esa insuficiencia tecnológica podría servir como la excusa que necesito para justificar el desembolso, seguramente innecesario, que significará colgar una de esas maravillas tecnológicas en la pared del salón. Aunque ese impulso irrefrenable por las pantallas planas también podría tratarse de la necesidad de compensar la frustración por aquel juguete deseado que nunca llegó.

¿Todo viene de entonces? De aquel día de Reyes, ya lejano pero no olvidado, en el que después de arrancar con ilusión el papel de estrellas plateadas y renos voladores sucedió que el juego esperado tantos meses era defectuoso. Carecía de las bolas de acero necesarias para funcionar. Los Reyes, según me contaron unos años después sus delegados, no fueron capaces de encontrar en ningún comercio otro en buen estado porque estaba agotado y ni siquiera unas bolas sueltas para poder aprovechar el defectuoso que me habían traído. Me compensaron con algún juguete que no recuerdo.

Sea la que sea la verdadera motivación, alguna de las apuntadas o cualquier otra, y aprovechando estos días de despilfarro consumista que son las rebajas, y utilizando también, como justificación formal, mi preocupante ausencia de ideas, he adquirido una de esas maravillas de la tecnología que me permiten sentar en el salón de casa al gigante azul de Avatar o al ogro verde Shreck.

Después de la primera semana que he dedicado a interpretar el librito de instrucciones y a visitar la página web de la marca de televisores para poder utilizar, al menos, las funciones básicas del artilugio, casi no he encontrado nada que me interese de la programación, aparte de los partidos del Barça, de los de la NBA en las noches de insomnio y de alguna persona entrevistada que, heroicamente, logra matizar sus respuestas pese a la exigencia por la simplificación que exige el medio televisivo.

Este domingo, aunque ayer salimos a cenar y llegamos tarde a casa, me he despertado con la luz tímida que, antes de las ocho, se colaba por las rendijas de la persiana. A esa hora la programación es bastante espartana, carece del barroquismo de la madrugada. Se agradece, y además un empacho de ordinarieces podría estropear el desayuno dominical que me he preparado.

Uno de los placeres de esos programas documentales sobre el mundo de la naturaleza es la voz del narrador. Casi siempre es tranquila, sin estridencias. Escuchar su cadencia pausada es como leer una de esas largas descripciones minuciosas que te van paseando sin prisa por un paisaje. Palabras que te acarician y te cogen de la mano para llevarte sin obligarte.

El paseo dominical de hoy me ha llevado a los estanques repletos de carpas de alguna zona, no he puesto suficiente atención para saber concretamente dónde, de Gran Bretaña. Estanques de agua dulce en los que un pez poco exigente como la carpa se desarrolla con facilidad y que con el cuidado de los piscicultores de la zona que regulan sus ciclos vitales mantienen ese pequeño universo acuático saludable y próspero. Una pequeña dosis de optimismo apacible y tranquilo para un domingo para el que espero lo mismo.

¡Qué sencillo! ¿No? Pues, no. No voy a poder escribir de tranquilidad en el sector. Las dosis no van a ser tranquilas.

(Mira por dónde al final la tele me va a servir para escribir algo sobre la actualidad que nos espera)

Lo que parecía una idea peregrina, una medida anunciada hace meses que prometía un desmesurado ahorro ¿trescientos millones de euros, recuerdan?, la implantación de la dosis unitaria en España, se ha hecho realidad como por arte de birlibirloque. Una realidad que confieso que me ha provocado una especie de nudo intelectual. Perplejo me he quedado.

Ni me cuadran los números, parece ahora que el ahorro previsto es de cincuenta veces menos que el anunciado a bombo y platillo, ni se ha previsto tampoco, seguramente como consecuencia de no haber dialogado con los que realmente saben de eso que son los farmacéuticos de oficina, los procesos administrativos que comporta la facturación de esos peculiares envases. Ahora, el discurso ya no se centra en el ahorro y se apela al efecto positivo en la concienciación del ciudadano de la necesidad de la racionalización. No creo tampoco que para eso sirva la medida.

Gobernar también es priorizar. ¿Realmente es prioritario en un mercado de precios subterráneos, con crecimientos interanuales negativos, con un mercado de medicamentos no financiados en recesión por no poder competir con los precios de derribo de sus homónimos financiados, implantar esta medida? ¿Es el momento de priorizar acciones en un sector del medicamento en el que la factura decrece y continuará decreciendo, cuando el crecimiento de la medicación en el ámbito hospitalario crece a ritmos superiores al 10%?

Como farmacéutico no puedo estar en contra, ni lo estoy, de un concepto básico: el medicamento no es un producto de consumo y debe tomarse exclusivamente cuando se necesita. Como ciudadano integrante de una sociedad en la que el mantenimiento y la sostenibilidad de un sistema sanitario público es un principio irrenunciable, comparto la voluntad de la Administración por buscar la máxima eficiencia, pero creo que ha errado en su decisión de implantar esta medida. Por ineficaz, por inoportuna, por improvisada, por demagógica, por inviable.

Aunque también creo que no merece muchos más comentarios. Creo, por todo lo que he dicho, que acabará siendo una anécdota desafortunada en la historia de las medidas que afectan al mercado español del medicamento financiado por el sistema sanitario público. Lo que es preocupante es que los famosos efectos colaterales nocivos que lleva aparejados una medida como ésta los acabaremos sufriendo los farmacéuticos.

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